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viernes, 18 de octubre de 2013

Cho Oyu, su primer ochomil.

La semana pasada recibí una llamada de Imanol  avisándome de que Josema daba una proyección en la casa de cultura de Okendo. Era sobre su expedición al Cho Oyu y lo apunté en la agenda de mi ordenador con un tipo de fuente 14, en negrita, y con aviso previo (lo equivalente a marcar en rojo en las agendas de antes). Y así quedó la cosa, hasta que la víspera ocurrió algo cuando menos inquietante. Quería buscar algo más de información y me conecté a la página de Donosti Kultura. Cuando estaba leyendo la reseña me llegó un correo electrónico. Era Patxi, anunciando la charla del día siguiente. Bueno, casualidad, pensé, y seguí leyendo. No había terminado cuando me llamaron por teléfono. Esta vez era Josema, quien me avisaba del evento. Reconocí las señales de los hados y supe que mucho tendría que llover para no ir. Al día siguiente, llovió.

Pero no mucho.

Una hora antes de la proyección me pasé por el aula de cultura. En la puerta vi a Josema y me acerqué a saludarle. Estaba con Arsen Itxaso, compañero suyo de expedición; Iñigo Castiñeira, que había ido al Everest y compartía proyección con ellos; y Rafa Elorza, del club vasco de camping, organizador de la cita. Como aún teníamos tiempo, nos fuimos a tomar un café (o algo) y durante un rato charlamos de montaña, cámaras de fotos y de los nervios de hablar delante de un montón de desconocidos de unas personas que se han ido al Himalaya a enfrentarse a un ochomil. Vivir para ver.

(Iñigo, Arsen, Josema y Rafa)

Ya de vuelta, nos encontramos con Patxi y con Ander, y entramos a la proyección.

Josema me había avisado hasta la saciedad de que la calidad del vídeo no era muy buena, de que las fotos estaban pixeladas, de que el sonido a veces se oía mal,... pero creo que solo él se fijaba en esas cosas. A lo que yo asistí fue al relato de una expedición por parte de unos amigos de aquí al lado para subir a un imponente ochomil. Un breve resumen de todas las ilusiones, emociones e inquietudes de unos montañeros que se lanzan a una impresionante aventura. Como ellos decían, no eran Iñurrategi ni Juanito, pero eso precisamente era lo que, para mí, tenía un valor especial. Lo habitual se ha convertido en común y ya no reconozco en las expediciones profesionales la emoción de los Herzog, Lachenal, Terray, Buhl,... Sin embargo, en ellos sí estaba presente. Como también lo estaba la mano de Josema, precisando con distancias y datos lo que veíamos en las imágenes. Poco a poco, fueron ascendiendo hacia la cima, en un desafío cada vez más difícil. Llegados al campo II se encontraron sin cuerda fija y se volvieron. Yo me volví con ellos.

Tras las proyecciones, llegó el turno de preguntas; no hice ninguna. Como le dije a Josema poco después, yo se las haría otro día, junto a un café, o una cena. Eran, son, demasiadas.

PD: Como se dice antes de hacer cima: "Pendiente queda".
PD2: En la foto falta "Harri", que formaba trío con Josema y Arsen.

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