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viernes, 20 de septiembre de 2013

Continúan los fastos.

¿Por qué limitarse a un solo día para festejar nuestro nacimiento? A tan insigne día le siguieron otros no menos memorables. Así, podemos recordar con dicha la llegada del meconio, la opípara primera merendola o  la tan aclamada primera siesta (con el consiguiente reposo de los sufridos progenitores). Hoy espero rememorar con alegría todas y cada unas de aquellas primeras veces. La primera ha sido esta mañana, tras el desayuno; la segunda será a primera hora de la tarde, con los restos de la tarta de chocolate de ayer; y la tercera, tras la segunda, manteniendo el orden lógico de los acontecimientos, de cama y pijama.

A falta de imagen del pastel de ayer, os dejo una foto del estreno de esta mañana con uno de los regalos estrella del día.


PD: Aunque no lo he llegado a abrir.

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