www.flickr.com

lunes, 24 de junio de 2013

Viejos ritos, nuevas costumbres.

Todo confluye: solsticio de verano, la luna llena más grande del año, hogueras de San Juan,...
Salimos pasadas las diez de la noche. Esta vez no compramos un helado en Argitan, sino un yogur helado con gominolas y trocitos de chocolate en una tienda que hay unos metros antes (tranquilos, no es dietético ni nada de eso). El comienzo está anunciado para las diez y media y, a la altura de la playa, vemos como los municipales se encargan de cumplir la norma a rajatabla; de un par de patadas ahogan un pequeño fuego intempestivo. Parece que nada debe superar a la gran hoguera que nos espera en Sagües.



A la hora señalada, un estallido anuncia el advenimiento de las llamas. Llegamos. En el centro de un vallado cubierto de arena, ni se alza, ni se yergue, solo arden un montón de palets de madera; una hoguera de listones perfectamente alineados e insulsos. ¿Dónde están las maderas y cartones que los niños del barrio apilaban como podían en este lugar no hace tanto? El año pasado, este mismo fuego, igualmente controlado y vallado, imponía por la altura de sus lenguas de fuego.

El cubo palelítico (de palets, no confundir con épocas remotas) arde con mucho humo y poca llama. Su estanca y estable estructura no deja entrar el aire, no hay tiro, y la gente deja de mirar. Mientras, en la playa, los jóvenes dan fuego a sus apuntes y saltan sobre sus hogueras ancestrales, las que queman el pasado y los bajos de los pantalones para dejar paso a lo nuevo (y a las bermudas y minifaldas).

Nadie baila alrededor de la pira oficial; las hogueras no son solo madera ardiendo.

Pd: Los muchachos reciclaron sus libros pero ayudaron a quemar los de los demás.

No hay comentarios: