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martes, 4 de junio de 2013

Rápido, más rápido, Aimar.

El sábado despertó nublado. Esperábamos que el día se mantuviera cuando menos sin lluvia hasta la una. Así fue.

Nos acercamos por el colegio. El grupo de patinaje ofrecía su exhibición anual y Aimar participaba en ella. Los dos primeros cursos los niños practican con los patines. A partir de tercero empiezan con el hockey.

Mis recuerdos de los patines de cuatro ruedas (no en línea) son de ruido y rodamientos gastados y lentos. Pero los recuerdos son solo recuerdos. Los patines actuales cuentan con unas ruedas que en manos, o en pies, de niños de siete años los convierten en veloces niños felices. Aimar heredó y practica en casa con unos patines infantiles de tres ruedas (una delante y dos detrás) y le equipamos con casco, coderas, rodilleras y protectores de escafoides. Siempre le miramos con una cierta prudencia y le bombardeamos con frases al estilo de: "No vayas tan rápido", "Cuidado con la gente", "No te acerques tanto a esa pared",...

No lo volveremos a hacer.

Unos sesenta niños, calzados con veloces patines, iban, venían, se cruzaban, esquibaban, jugaban al pilla-pilla, hacían carreras, y todo lo que hacen unos niños, sin fijarse siquiera en lo que llevaban en los pies. No había cascos, ni coderas, ni demás protecciones. Sí, alguno de caía, pero se nos olvida que los niños de esa edad no se caen como un adulto, más bien se pliegan.

Un trofeo a cada uno remató la alegría de esa jornada.



PD: Lo de la estantería del IKEA empieza a dejar de ser una broma.
PD2: Lo que sí es broma es lo de que no le seguiremos bombardeando con avisos paternos de prudencia.
PD3: Perdón por la foto. La cámara sigue en la UVI.

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