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domingo, 19 de mayo de 2013

Pura vida.

Esta semana se ha quedado en el Everest Alexei Bolotov. En los diarios han remarcado una y otra vez su participación en el intento de rescate de Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna, allá por el dos mil ocho. Heróica, dicen. Y a buen seguro que Alexei Bolotov no diría nada, salvo que le preguntaran. Entonces contestaría que no, que aquello no fue un acto heróico, que era lo que tenía que hacer. Sin más.

Hace unos meses fui a ver el documental "Pura vida". En él hablan de aquel rescate, pero no desde el punto de vista de los familiares sino de los protagonistas del mismo.

Ueli Steck, the swiss machine, el escalador suizo con todos los récords posibles de ascensión de velocidad. El montañero metódico que tiene preparados con ocho meses de antelación todos y cada uno de sus entrenamientos diarios. Yes precisamente él, con esa mentalidad germánica, quien primero se pone en marcha y sube hasta donde Horia Colibasanu espera junto a Iñaki. Pero, por una vez, le traiciona el corazón y asciende con unas sencillas botas de trekking y una chaqueta del todo inadecuada para esa altitud. Sin embargo, la cordura se impone y a mitad del camino se encuentra con Alexei Bolotov con quien se intercambia las botas y sigue adelante. Un gesto brillante hace que Steck, con su pensamiento racional y poco emocional, sea quien salve la vida del dentista rumano. Sabe que no dejará solo a Iñaki en la tienda y le pide que le haga un favor. Asegura que le es imposible llegar a tiempo si Colibasanu no va a su encuentro y le abre huella. Cuando se cruzan el paso siguiente está claro. Horia no va a abandonar a Iñaki; Ueli ocupará su lugar. Sin ese truco, sin esa jugada de ajedrez a siete mil metros, ahora serían dos los muertos aquel día.

Denis Urubko, el escalador en mejor forma del momento es avisado cuando se encuentra fuera de la montaña. El kazajo, militar de profesión, recoge en un momento todo lo necesario para el rescate. No pregunta, actúa. Será él, junto al estadounidense Don Bowie quienes se arriesgarán y saltarán del helicóptero para intentar llegar hasta el enfermo y organizar el descenso. Un Alexei Bolotov, con edema pulmonar y recién descendido de la cumbre, se les unirá. Aunque nunca llegarán hasta la tienda.

Y es precisamente Alexei Bolotov quien más me llamó la atención. A esta fuerza de la naturaleza se le ve entrenar en un gimnasio destartalado. En un momento dado, aparece su madre deshaciéndose en elogios hacia su hijo. "Deja a su familia la despensa llena para un mes, y a nosotros también." Pero la escena más entrañable discurre en la cocina de su casa. Una cocina cualquiera, con un calendario en la pared y su mujer sentada junto a él.

_El éxito y la gloria no son nada para un alpinista. - dice Bolotov. Lo que llaman gloria no aporta nada a un alpinista. Esto no es fútbol o tenis. Esto no da dinero. El éxito, en el sentido que se le suele dar a esa palabra, no existe para el alpinista. No vamos a las montañas en busca del éxito. Y mucho menos de la gloria.

(y continúa)

Yo pocas veces voy por encima de mis posibilidades. Mi estilo es muy cercano a la prudencia.

_¿Puedo responder yo?-dice de pronto su mujer mirando al techo. Me parece que no es cercano a la prudencia. En las últimas expediciones se ha quedado solo. Salió solo para tres días, sin comunicación ni radio. Eso no se parece nada a la precaución.

¿Por qué no decir la verdad?-le reprocha a Alexei.

Habéis preguntado por la precaución y yo he hablado de la precaución, de que él no siempre suele ser precavido, suele cometer actos imprudentes.

Creo que no hay que ir solo a la montaña.

_Yo no voy solo.-se defiende Alexei.
_Tres días en solitario... -contesta la mujer.
_Ueli Steck hace esas cosas... Salió así, no lo hice a posta.
_No es la primera vez.
_La primera.
_No, no es la primera.
_¿Cuándo más?
_En el Annapurna.

La conversación se realiza en voz baja, casi en un susurro. No hay una palabra más alta que la otra. La mujer le reprocha su actitud pero sabe que él no va a cambiar; no puede cambiar. Él intenta defenderse para no preocupar más de lo debido pero sabe que es en vano. Bolotov confiesa que lo más duro es dejar a la familia preocupada durante ese tiempo.

Me quedo con unas frases de Alexei: "Las montañas por si mismas no significan nada, son solo piedras y hielo. Quien les da vida es el ser humano, al subirlas y hablar de ellas".

Pd: Este domingo se emite en la 2 el documental. Vale la pena verlo.

Pd2: El final, durante los créditos, es todo un alegato al espíritu de Iñaki.

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