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viernes, 24 de mayo de 2013

Anubis.

Es un cachorro de galgo y anda suelto, a su aire. Camina junto a su dueña. La mujer va comiendo un bollo. Con la izquierda sujeta un paraguas y la correa de un pequeño Yorkshire Terrier. Le faltan manos.
Se paran frente a un semáforo. De pronto, una paloma se posa junto a ellos. El galgo mueve una oreja, ladea ligeramente la cabeza y la ve. Lo siguiente es un ejercicio de contorsionismo en el que el cuello, las patas y la columna (por varios sitios) del animal se mueven en direcciones distintas. Tras el salto, las mandíbulas permanecen cerradas sobre un ala de la imprudente. El ave hace algún ademán de intentar soltarse pero cede enseguida. El yorkshire mira asustado al galgo mientras la dueña empieza a chillar y le suelta un paraguazo en el hocico.

_¡Anubis! ¡Suelta! ¡Eso no se hace!-grita.

Anubis aguanta el chaparrón. Es un cachorro, sí, pero es un galgo. La presa no se suelta.

Otro paraguazo y otro chillido.

_¡Anubis!¡Que sueltes!¡No seas malo! ¡Te he dicho que eso no se hace!

Anubis ya tiene bastante. Es un galgo, sí, pero es un cachorro. Abre la boca y la paloma cae al suelo.

El pájaro, aturdido, se aleja caminando. Parece que vaya diciendo: "Bah, no me has hecho daño". Quizás solo esté herido en su amor propio.

Los gritos continúan. El perro esconde el rabo entre las patas y agacha la cabeza. El yorkshire permanece al margen; parece que así le va bien.

Cruzan el semáforo mientras los gorriones dan buena cuenta del bollo caído en el suelo.

PD: El yorkshire no tiene nombre.

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