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domingo, 7 de abril de 2013

Procesión a Bulnes.

Mucha mesa y mantel está Semana Santa y poco monte. El jueves, veintiocho de marzo, hicimos nuestra única excursión hasta el pueblo de Bulnes. Asier había subido hacía tiempo en mi mochila pero era la primera vez que los muchachos lo hacían por medios propios. A Bulnes no llega carretera alguna, solo un camino que, antes de que se construyera el funicular, usaban los lugareños para subir y bajar, en burro, todo lo necesario. Lo hacía el hijo de Guillermina, la dueña de Casa Guillermina, la del albergue montañero de Peña Maín, donde dormimos aquella vez que se nos hizo de noche y nos encontramos a oscuras con un rugiente mastín antes de cruzar el puente del pueblo, cuando nos extraviamos por la niebla... pero eso es otra historia.

La senda comparte inicio con la atestada ruta del Cares. Así las cosas, tuvimos que aparcar a dos kilómetros y comenzar el camino por una carretera llena de excursionistas que formaban peligrosos grupúsculos a ambos lados. Asier y yo llegamos primero al inicio del desfiladero y esperamos, regalándonos los oídos con los comentarios de los montañeros.

Grupo 1:
_¿A dónde vamos?
_No sé, vamos por este camino mismo.

Grupo 2:
_Yo al Cares no voy, que pone en el cartel que son tres horas. Yo os espero en el bar.
_Pues vamos a Bulnes. Pone que solo es hora y cuarto.



Yo miraba ojiplático a unos y otros. A los que habían llegado hasta allí y no sabían dónde estaban, y a los que se libraron de las tres horas de la ruta del Cares, sin saber que ese horario es solo de ida. Miraba sus espaldas, algunas con una mínima mochila donde apenas cabía un chubasquero y un botellín de agua, y otras sin siquiera eso. También miraba al cielo, que había amanecido despejado pero que amenazaba cambiar a peor. Y eso no era nada bueno. Nieves y yo ya lo habíamos recorrido un par de veces y las rocas, pulidas de tanto paso, son peligrosas si están mojadas.

Llegaron Nieves y Aimar. Un grupo numeroso se acercaba detrás de ellos. Sin pensarlo dos veces nos pusimos en camino. Algo me decía que nos iban a dar problemas. Y así fue.

Al rato de comenzar el grupo se escindió. Bueno, pensé, nos pasarán rápido. Pero no fue así. Llegados a nuestra altura se quedaron detrás de Nieves, llegando a pisarle las botas un par de veces. Cierto que el camino va entre el monte y un cortado pero es lo suficientemente ancho como para pasar sin angustias. Llegó un momento en que tuvimos que parar.

Nos pasaron.

Aprovechamos para comer algo y beber un poco y seguimos. En la primera curva del camino nos los encontramos sofocados, bebiendo y comiendo. Los adelantamos.

Pero a los cinco minutos ya los teníamos otra vez detrás. No había forma de que nos superaran. Ralentizamos, nos escoramos, caminamos en fila india arrimados a la pared,.... nada. Nos detuvimos de nuevo para dejarles vía libre. Fue inútil. Al rato se habían parado de nuevo y los volvimos a rebasar.

A la tercera fue demasiado. Buscamos unas piedras, sacamos unos bollos y chocolate y les dejamos diez minutos de ventaja para perderlos de vista.

Llegando a Bulnes los aventajamos... y nos siguieron.

Había empezado a llover así que visitamos el pueblo y volvimos a protegernos junto al funicular. Nos sentamos en un banco y montamos todo el tinglado: comida, hornillo, termo,... Al rato llegó el grupo de su ronda y ocupó el otro banco. Nosotros íbamos a lo nuestro cuando vi a un par de niñas que estaban de pie con su bocadillo. Durante un instante estuve a punto de levantarme y dejarles sitio pero, en cuanto lo hice, vi que en su banco no había nadie sentado, habían dejado sus mochilas. Pobres, no se fueran a manchar.

La lluvia no cesaba y nos acordamos de las piedras pulidas del descenso, así que aprovechamos, preparamos un billetazo y en ocho minutos habíamos bajado a Puente Poncebos por las entrañas de la montaña.

Pd: Volveremos en verano; esto no puede quedar así.
Pd2: Yo, que había jurado no usar esa máquina infernal mientras las piernas me permitieran desplazarme... ¡Menuda jornada!

2 comentarios:

eresfea dijo...

Garrapatillas primaverales en la montaña... Je.

Iñaki Munain dijo...

Madreee...