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domingo, 6 de enero de 2013

Temas pendientes (Beloki 12.710 dm.)

El sábado, víspera de Reyes, nos asomamos por la ventana para comprobar cómo amanece la mañana: niebla. Por fortuna, la página del tiempo augura cielos despejados en la zona de Aralar. Organizamos las mochilas y salimos para terminar un asunto pendiente del año pasado, el Beloki (12.710 dm.). Los niños han dormido en casa de los abuelos y entramos por la puerta con su ropa en la mano. Ya han desayunado pero la legaña sigue colgante. Un plis plas en el lavabo y todo solucionado.

Llegados a Lekunberri paramos en el Ogiberri, aplicando costumbres aprendidas de nuestros amigos. Pan, bollos de leche, lazos dulces, cafés comoDiosmanda , y zona de juegos infantiles, no nos hacen echar en falta a nuestra antigua cita con Galburu.



Llegamos a Albi algo más tarde de lo deseable, pero no nos espera nadie, el día está azul y, al sol, hasta hace casi calor (no así a la sombra y donde sopla el viento). Nos calzamos las botas, apretamos las cinchas, calibramos el nuevo altímetro del Olentzero y empezamos a andar.

La última vez que recorrimos este camino estábamos en otoño, aunque la sensación y la huella fuera invernal; frío, nieve, hielo. Ahora es invierno y pisamos suelo de otoño; templado al sol, hojas, barro. La ruta no tiene grandes repechos y pronto llegamos a la zona de la pasada renuncia.



Esta vez podemos continuar siguiendo el curso del arroyo y llegamos al collado Urdangoene. Las vistas sobre el interior de Aralar son magníficas aunque el viento empieza a soplar frío. Ajustamos las capuchas y los gorros. Al fondo, por la pista que llega desde Errenaga, cuatro ciclistas descienden a toda velocidad. Enfrentamos la última pendiente con decisión y por donde nos dan las piernas. A veces directos, otras con un breve zig zag y estamos en la cresta cimera. Al fondo, el premio del buzón.

Si antes las vistas eran magníficas, ahora son impresionantes. Hace menos de dos semanas estábamos en los montes de enfrente y repetimos silencio mientras contemplamos, a lo lejos, los pirineos nevados. Pero esta vez no están Imanol, ni Pilar, ni tampoco Josean, por lo que no reconocemos más allá del Ani y el Petrechema. ¡Cómo echamos de menos aquella retahíla pirenaica de nuestro guía favorito!

El buzón setero guarda sorpresa. Miramos la hoja y leemos. Por una vez ponemos cara al montañero que estuvo antes que nosotros. Los datos señalan cumbre una hora antes. Es ese chico que nos cruzamos y saludamos a la altura de la borda de Bustintza. Su nombre, Korrezimas. Cambiamos su hoja por la nuestra a sabiendas de que permanecerá ahí guardada más que la suya. Nadie nos sigue y a nadie más nos cruzaremos el resto de la jornada.



El hambre aprieta pero la cima no es lugar para detenerse y descendemos en busca de cobijo. Pronto damos con una roca lo suficientemente plana como para apoyar el hornillo y asentar nuestros reales, y revolvemos unos huevos con jamón y txapata que para sí quisieran los reyes que vienen esta noche.

Bajamos hasta el coche contando cuentos y comprobando que la crisis no ha afectado a los topos quienes, hoy en día, aún continúan construyendo adosados.



Pd: Tras la cabalgata, los Reyes de Oriente repartieron regalos. Tras la cabalgada, los príncipes de la casa durmieron como angelitos.


2 comentarios:

eresfea dijo...

¡Otra muesca de triunfo!
Con lo que suben tus "galgos"..., tienes que empezar a mirar el lado guipuzcoano de Aralar: Ausa Gaztelu, el cordal Beleku-Uarrain (sin hache)...

Sergio dijo...

Todo se andará ( y nunca mejor dicho).