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martes, 25 de diciembre de 2012

Uharrain (1.221 m.).

Se acercaba la cita navideño-montañera de este año y el guía se puso en contacto con nosotros. Nos ofrecía libre elección sobre una cuidada selección de cinco rutas a cual mejor: cuevas, buzones, viajes largos, desniveles cortos e incluso un 2x1 con cueva sin doblado de riñón. Elegimos esta última, Uharrain-Alborta, aunque luego fuera Subizelaigañe-Uharrain. Una búsqueda en la red me mantuvo en vilo hasta que lo aclaré con él.

_Ojo con las haches, Sergio.- me dijo.

Y tenía razón, pues no era lo mismo.

El domingo, tras una cita a las nueve de la mañana y una salida algo ajetreada por problemas mecánicos, Josean, Imanol, Pilar, Asier, Aimar, Nieves y yo, nos dirigimos a Aralar. La obligada costumbre del redesayuno nos deparó nuevos lugares en Lekunberri que convertiremos en habituales. El Ogiberri de la calle principal, con su zona de juegos infantiles, grandes cafés y lazos dulces impresionantes conquistó nuestros corazones (y otras vísceras).

La pista comenzaba algo antes de las campas de Albi y fuimos ganando altura cómodamente. Apenas habían entrado en calor las piernas cuando nos desviamos del camino para visitar la cueva de Amutxate; grande, cómoda, confortable.

Seguimos la ruta hasta que llegamos a los rasos de Etzantza. Nos detuvimos. Ya veíamos nuestro objetivo; también el abandono de la semana pasada, ya sin nieve. Al fondo, una cuidada borda, a la que se llega desde un camino elegante, elegante.

Seguimos subiendo.

La pendiente iba siendo cada vez más pronunciada y el grupo se estiró. Aimar y Pilar tomaron la delantera con su ritmo pausado y constante.

(foto Pilar)

Mientras, Asier se entretenía con los fósiles de coral que poblaban la ladera y que, por motivos naturales, se separaron de la roca en el tamaño justo para entrar en su mochila (gracias, Gravedad, eres nuestra fuerza preferida).



En un momento dado, el guía, sin detenerse, nos hizo una confesión.

_Atención, pisamos terreno sagrado.

Callamos, sobrecogidos por la situación.

_Es que es tierra de setas- continuó.

No preguntéis, no diré la ladera, no diré las setas.

Zigzagueamos hasta el collado y viramos a la derecha. La cima de Subizelaigañe nos ofrecía, con el viento sur dominante, todo un horizonte despejado hasta los pirineos. Josean nombraba uno a uno todos los picos mientras la ventolera nos hacía sacar rápidamente la foto y continuar hasta el cercano Uharrain.

(foto Imanol)


La trepada final, con o sin manos (según habilidad), nos puso en la estrecha cumbre buzoneada.


(foto Imanol)

Esta vez, Aimar también firmó la postal montañera; quien sabe si volveremos a tener suerte.


Comenzamos el descenso.

Buscamos y encontramos resguardo del viento junto a una borda. Hongos, buen pan, chocolate caliente, café y una agradable charla nos mantuvieron ocupados un rato. Volvimos a los coches disfrutando del camino y la compañía. Nos despedimos en Baraibar, en un restaurante-cafetería-sala de fiestas, dando por terminada una memorable jornada.

Los fósiles, las lecciones de Josean, los juegos con Pilar, las peleas con Imanol,... compitieron, y ganaron (durante un tiempo), a los nervios del cercano Olentzero.

PD; Que ya es decir.
PD2: Lástima de chorizo cocido (la falta de).

1 comentario:

Iñaki Munain dijo...

Qué guay de salida. A ver si coincidimos en una de estas de viento sur y gentes y cumbres nuevas.