www.flickr.com

domingo, 16 de diciembre de 2012

Nieve a partir de 1.100 m. (Intento de Beloki).

Veíamos con envidia las fotos de la primera gran nevada del otoño 2012 en Aralar y queríamos ir. Durante toda la semana estuvimos escrutando las previsiones del tiempo. Llegada la fecha, y tras mucha lluvia y vientos los días previos, apareció el ansiado dibujito del sol asomado entre las nubes. No era buen tiempo pero al menos no llovería.

Los comentarios en el post de eresfea respecto del mantenimiento de la nieve auguraban neveros, pocos, a partir de 1.100 m. Añadiendo a eso las lluvias recientes y el fuerte viento sur decidimos dejar el material más técnico en casa, cargamos las mochilas y nos dirigimos a las campas de Albi. Como Iñaki me dijo: "Viento sur, agur elur".

De eso, nada.

En las campas, pocos coches, poca gente. Algunos culoesquiadores apuraban las últimas rampas de nieve dura y escasa. Nos calzamos las botas, ajustamos las chaquetas y nos pusimos en camino. El objetivo, el Beloki. Enseguida pisamos nieve y, efectivamente, era poca y dura. La pisada estaba compactada y transformada en hielo, con lo que nos arrimábamos a los bordes. Enseguida cogimos altura. El cielo estaba nublado y las nubes corrían por encima nuestro. Sin embargo, podíamos ver las cumbres entre los árboles; no había niebla.

Pasamos por varias cabañas, una estela funeraria y algún paso ajustado junto a un riachuelo. Nada peligroso, solo algo resbaladizo. Ojo con los chapuzones con este tiempo. Nada mejor que una ropa mojada y un viento fuerte para aprender de primer mano el concepto de sensación de temperatura.


Aún no habíamos llegado al collado y nos encontramos con un contratiempo, mucha nieve dura... pero no tanto. Miré la altura, 1.130m. De pronto nos vimos hundiéndonos a cada paso. Alguno de nosotros muchas veces y hasta poco más de la rodilla, otros de vez en cuando pero hasta bastante más allá. En lugar de enfrentarnos a la pendiente, nos desviamos de la huella y fuimos aproximándonos a la zona derecha, que nos ofrecía unas rocas peladas mucho más cómodas para ascender. En cuanto llegamos a ellas, seguimos hasta una borda y buscamos un paso para volver a la ruta. Mala solución, nos habíamos desviado demasiado y teníamos que cruzar toda la pala de nieve. Continuamos un poco más, pero fue en vano. Estábamos en un pequeño collado, nos detuvimos y analizamos la situación. Aimar tenía los pantalones calados y el viento y el frío nos hacían recomendable la bajada. Trepamos a unas piedras próximas y disfrutamos brevemente de las vistas hacia San Donato. El altímetro marcaba 1.215m.


Antes de descender hablé con Asier.



_Asier, ¿te parece que les dejemos bajar y nosotros nos acerquemos hasta la cima? Está aquí mismo, ya ves.

_Como tú digas, Aita, pero yo creo que mejor que no. Aimar está cansado y se pueden perder, mejor que bajemos todos juntos.



PD: Éste es mi chico.

PD2: Un chocolate caliente y unos huevos revueltos recién hechos templaron nuestro espíritu algo más abajo.

3 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

Lo que hacemos los montagnards para ganarnos un "chocolat chaud", ayayayay... con lo sencillo que es meterse en una chocolatería cualquiera...

Sergio dijo...

Es que la montaña no es un territorio sin ley, es un territorio "sin régimen".

eresfea dijo...

¡Esperemos nieve nueva! Alborta o Ttutturre...