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martes, 27 de noviembre de 2012

El desafío.

Hay que remontarse al final del puente de diciembre del año pasado; a una comida en un restaurante de carretera; a una conversación de alto nivel calórico (que no acalorada); a un desafío; a una apuesta; a un "a que no hay...".

El guante fue lanzado por Ainhoa y Rafa, partidarios de Montignac, y recogido por Adolfo y un servidor, defensores de "la caloría es bella". La frase: "A que Adolfo y tú, no sois capaces de adelgazar veinte kilos entre los dos, de aquí al puente del año que viene" fue el detonante. Quizás fuera el flan con nata, tal vez el arroz con leche, puede que tuviéramos el índice glucémico por las nubes y no supiéramos lo que hacíamos. El caso es que, llegados a casa, nos pusimos a ello.

Aunque no inmediatamente.

Fue allá por junio cuando empecé en serio con la dieta y...  bueno, me saltaré lo superfluo. Llegaré a las últimas semanas, durante las cuales, Adolfo y yo, intercambiamos correos electrónicos con cierta asiduidad. Era un reto de equipo y cada cual aportaba lo que podía. Ninguno podía conseguirlo sin el otro. Y así, nació la sospecha: el resultado final se iba a dilucidar por gramos; por decenas, no por miles.

Este sábado nos citamos para el pesaje oficial en Bilbao. Dos métodos, dos filosofías, se daban cita para comprobar su eficacia. El sistema de Adolfo, partidario del clasicismo y su puedes-comer-cuanto-quieras-pero-que-sea-verdura-cocida, y el mío defensor a ultranza del conocido Nieves-lo-que-me-pongas-en-el-plato-me-lo-como-pero-no-dejes-a-la-vista-nada-más.

Según las normas, cada uno aportó su báscula. La banda sonora de Rocky sonaba cuando entramos en la sala; el momento era tenso. Cubierto con un halo de misterio y unas mallas de lycra, subimos al cadalso. Tras un primer momento de estupor y de un baile de números, los tres físicos y el ingeniero intervinientes optaron por apuntar las cifras para llevar a cabo la resta con decimales.

_Msmsmsms, menos dieciocho con cuatro y msmsmsmsm, menos uno con tres. Total, menos diecinueve con siete. ¡Habéis perdido!- dijo la contable oficial.
_¿Qué? ¿Cómo? ¡Espera, espera!-dije yo, mientras me dirigía a la habitación contigua.

Volví vestido y con la única prenda que llevaba hacía un momento ondeando en la mano. La deposité con cuidado en la balanza de precisión que habíamos traído de casa a tal efecto (bueno, la de la cocina). El resultado, ciento cincuenta gramos (y un pico).



Silencio.

_¿Qué?-dijo Rafa.
_Ciento cincuenta gramos de ropa, por dos, son trescientos. ¿no? ¿hemos ganado?.

La situación era cuando menos escalofriante. Un año, dos personas, un objetivo a alcanzar y era una báscula de mano la que dilucidaba si la apuesta se decantaba de un lado o de otro.

Demasiada tensión; lo dejamos en un empate.

PD: Y nos fuimos a conocer el nuevo Bilbao.
PD2: Y a comer, claro.




3 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

Mu güeno!!! A mi me hace falta algún reto parecido también

Sergio dijo...

No te quemes ahora. Déjalo para después de Navidad ( o del día de San Sebastián)

Roberto Gómez dijo...

¿Habrá secuela?: "El desafío2:operación bikini"