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lunes, 22 de octubre de 2012

Elecciones.

Domingo por la mañana. Salimos los cuatro de casa. Llueve, mucho.

_Aita, ¿adónde vamos? - pregunta Asier.
_A votar, hijo.- le contesto.
_¿Otra vez?
_Sí, ésta es otra. La otra vez era para elegir el alcalde.
_¿Y por qué tantas veces?
_Bueno, no sé, pero ahora toca elegir otra cosa.
_¿Y por qué vamos siempre?
_Pues porque antes no se podía y ahora sí.
_¿No se podía?
_No, tus abuelos no pudieron votar hasta muy mayores (obvio otras "votaciones") y creo que hay que hacerlo.
_¿Y por qué no se podía?
_Porque había un hombre que decía lo que había que hacer y no dejaba escoger nada.
_¡Qué mandón!- dice Asier.
_¡Qué marimandón!- dice Aimar, atento.
_Pues podían espera a que se muriera y ya está.- sigue Asier.
_Bueno, la verdad, es que eso es lo que pasó.- le digo.
_Aita, ¿el voto es secreto?- continúa preguntando Asier.
_Sí.
_¿Y por qué tiene que ser secreto?

PD: Por la esencia del ser humano.


3 comentarios:

eresfea dijo...

Ah, el bendito misterio...

Jonathan dijo...

¿Es secreto? ...

Sergio dijo...

Ah, bendita curiosidad.