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domingo, 23 de septiembre de 2012

Vía verde del Bidasoa.

Este año, la llegada del otoño nos pilló pedaleando. Lo que iba a ser un sábado sin un plan definido se convirtió, gracias a nuestros amigos de Bilbao, en un retorno al pasado pospuesto demasiado tiempo.


Fue allá por el dos mil ocho, en la segunda entrada del blog, cuando empecé a escribir nuestras aventuras. Y la primera fue precisamente sobre el estreno frustrado de realizar la ruta del tren txikito en el dos mil siete.

Ahora las cosas, amén de nosotros, han cambiado. La ruta ya no comienza en Bera de Bidasoa, sino que hay construido un bidegorri desde Behobia, lo que añade doce kilómetros al desafío. Y en Behobia quedamos, Adolfo, Ainhoa y Rafa, y sus amigos Loli (con quien compartimos ruta el año pasado), Javi y Julio.

El inicio, junto al río, ya nos mostró que el concepto de vía acondicionada está sujeto a diferentes interpretaciones y enseguida comenzamos a rodar sobre tierra prensada/desprensada y grava. Creía que Aimar era quien más sufriría en los baches pero sus ¡yuju! no parecían estar acordes con dicha impresión.

Andando siempre junto a la carretera, llegamos al parque de Bera. Allí el pelotón decidió escindirse. La sección vizcaína (salvedad de Nieves), pretendía llegar hasta Santesteban, a unos cuarenta kilómetros de la salida. Esa era una distancia para la que estábamos preparados... si no había que volver. Sin embargo, ida y vuelta, se nos presentaba como un recorrido demasiado lejano para nuestras expectativas, que incluían, jugar en el parque, coger moras, ver sapos y comer junto al río. También consideramos otro aspecto de la situación. En la anterior ruta por el Leizarán, todo el camino es de subida, de manera que, cuando te cansas, das media vuelta y vuelves cuesta abajo. Aquí, el camino sube y baja, con ligera pendiente algunas veces, pero no tan marcada. Así, lo que sufres al ir, lo sufres al volver. Esto es peligroso porque si te desfondas en la ida, no te quedarán fuerzas para la vuelta. Y eso es algo que no queríamos, claro.

Y así, con el grupo dividido entre los cazadores (de kilómetros) y los recolectores (de moras), seguimos camino. Cruzamos la carretera general con gran paciencia y cuidado (sobre todo, paciencia; sobre todo, cuidado), y estuvimos cambiando piñones hasta que el cuenta-kilómetros marcó los veintiuno; máxima distancia de ida hasta la fecha. Era la hora de comer y anduvimos otros cinco kilómetros más, atentos a cualquier lugar propicio para descansar. Y lo encontramos pasado un túnel.

_Ñam, ñam.- dijo Asier a su bocadillo.
_Ñam, ñam.- dijo Aimar al suyo.
_Ñam, ñam.- dije yo al mío.
_Glu, glu.- dijo Nieves a su cantimplora.

Hablamos con la cabeza del pelotón y estaban cerca de Santesteban. Tal vez nos reuniríamos a la vuelta. No fue así. Las necesidades de hidratación les retuvieron demasiado al final de la ruta y, cuando volvieron a ponerse en marcha, nosotros ya llevabamos un tiempo de regreso.

Atentos a las moras y a la ruta, con el sol poniéndose sobre el bosque, un repecho nos deparó una imagen inesperada.


De lado a lado del camino, cientos de hilos de telaraña unían los árboles de uno y otro extremo. Eran los hilos que las arañas recién nacidas emplean para volar fuera del nido y alejarse de él. No parecían haber ido muy lejos.

Aún quedaban dos horas de luz cuando llegamos a la meta.


Y desde ella, en quince minutos cerramos la etapa. El ahora grupo perseguidor, se mantenía a nueve kilómetros del final, con lo que decidimos recoger y regresar a casa, donde una merecida ducha y una cena familiar nos esperaban.

PD: Ducha y cena fueron recibidas con idéntica satisfacción.

4 comentarios:

mòmo dijo...

Gran diálogo. Se nota el carácter bilbaíno de Nieves. Y casi envidio el paseo en bici sólo por ver esos hilos de araña. Abrazo.

Iñaki Munain dijo...

¿Hubo metas volantes en la etapa?

Sergio dijo...

Bueno, mòmo, no hace falta salir de Behobia. Se puede empezar desde Bera, Lesaka, Sunbilla o Santesteban, con sus diferentes distancias para recorrer y tipos de firme. De Sunbilla a Santesteban está bastante bien.
Iñaki, lo que había era varias fuentes de avituallamiento.

Tia madrina dijo...

Que bonita excursion!!!