www.flickr.com

domingo, 2 de septiembre de 2012

Hasta la frontera.

Este pasado sábado, estrenamos septiembre con una clásica ciclista, el camino del Plazaola. Ya son varias las veces que la hemos recorrido, la última hasta Lekunberri con nuestros amigos de Bilbao. Y era esa precisamente la excusa para que fuera solo con Asier. Este año pretendemos volver a hacer rutas de varios días con ellos y nos pareció una buena forma de comprobar cómo se desenvolvía por caminos no asfaltados; en la ciudad ya devora bidegorris. Precisamente, Nieves y Aimar se quedaron pedaleando por la ciudad.

Estrenábamos portabicicletas para la nueva del equipo y, por fortuna, no dio ningún problema, más allá del consabido levantamiento a pulso hasta el techo del todoterreno, con posterior equilibrado angustioso antes del amarre; esta vez no había ayuda externa.

Las campanas de Andoain nos dieron la salida a las diez y dos minutos (hay que poner en hora ese reloj, Señor párroco) y enseguida nos enfrentamos a la primera de las rampas. Fue de tanteo. Al intentar cambiar de plato, Asier no lo consiguió y, aunque redujo los piñones lo que pudo, quedó clavado antes de meterse en una zanja. Los cambios se accionan con un puño giratorio. Donde la compramos lo anuncian como un cambio suave pero a lo que se deben referir es al tacto del manillar porque para que entre uno de los platos hay que hacer una fuerza de XXXX; los piñones van mejor. Subsanado el problema continuamos el camino. Asier fue alternando las marchas adaptándose a la ruta hasta que hubo que cambiar al plato pequeño y paramos. La pendiente es suave, pero no perdona.

Nos cruzamos con mucha gente. A algunos les adelantamos, otros nos adelantaron. No teníamos una meta clara. La idea era, como he dicho, ver cómo se desenvolvía en terreno menos cómodo. Sin embargo, los kilómetros iban cayendo, el paisaje no se prestaba a fijarse en el cansancio. Llegados a la presa de Inturia aprovechamos para parar a tomar un chocolate, descansar y hacer unas fotos que tal vez no podamos volver a repetir. Seguimos dandole a los pedales más animados.

El tiempo pasaba y no llevábamos mas que un pequeño bocadillo en la bolsa. En el kilómetro catorce nos detuvimos a reflexionar.

_¿Llegamos hasta la muga, Asier?
_¿Dónde está eso, aita?
_Donde paramos la primera vez con el carrito y con Aimar.
_¿En el pueblo?
_No, algo antes. ¿Cómo vas?
_Bien. Vale. Seguimos.

Los últimos kilómetros costaron algo más. Las fuerzas y la alegría ya no era las mismas que al comienzo, pero los esforzados de la ruta dimos sentido al sobrenombre y llegamos hasta la frontera con Navarra a las dos de la tarde.

(Un Km. O más bonito que el de la Puerta del Sol)

Para nuestra sorpresa y regocijo encontramos en la bolsa, amén del bocadillo, dos magdalenas con algo más de chocolate que nos supieron a gloria.

La vuelta fue un darle al freno para no brincar más de lo necesario y no superar un límite de velocidad que no declararé.

PD: A los que adelantamos iban todos andando, pero ese no es nuestro problema.
PD2: Imprescindibles las frontales, para ver y que te vean en los túneles.

No hay comentarios: