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miércoles, 15 de agosto de 2012

Ladridos en la niebla.

Salimos de Errenaga con las cantimploras llenas y el ánimo dispuesto. El día pintaba de azul, aunque alguna que otra nube alta asomaba en el cielo. Comenzamos a descender. Siguiendo los consejos recibidos, queríamos llegar hasta la fuente-abrevadero de Pardeluts, cargar agua y luego hacer cumbre en Ganbo; posteriormente, bajar y acampar frente al Pardarri, donde el año pasado. La lluvia de estrellas cerraría la jornada.

Llegando a Perileku nos entretuvimos con los menhires, cromlech y dólmenes, pasando por el poste indicador. Llevábamos buen ritmo (fácil cuesta abajo), y nos encaminamos al siguiente hito: la imagen de la Vírgen en la piedra (Ama Birjinaren Harria). Teníamos una vaga referencia de su ubicación, aunque no tuvimos problema para encontrarla. Asier le colocó una flor.



Pero algo no marchaba bien. Poco a poco, el cielo se empezaba a cubrir de nubes grises, y el viento comenzaba a soplar fuerte. Al rato, la niebla avanzó desde el NW. Mal asunto.

Llegamos a las bordas que indicaban el ascenso al collado de Lizaso, entre Ganbo y Pardarri. Estábamos seguros de que eran las correctas, los ladridos de los perros así lo delataban. La temperatura había descendido significativamente y nuestras reservas de agua se mantenían casi intactas. Así pues, aunque teníamos la fuente a un paso, no nos acercamos hasta Pardeluts y decidimos enfrentarnos a la cuesta cuanto antes. La niebla impedía ver las cimas, pero un golpe de viento despejó lo suficiente para que me diera tiempo a hacer dos cosas. La primera, tomar una referencia de adónde y por dónde queríamos ir, ya que no había sendero marcado, y la segunda, acordarme de aquel gesto de la mano de Josean indicando la pendiente que nos tocaba subir.

La hora era buena, teníamos tiempo. Sin embargo, sabía que la niebla había venido para quedarse y que, llegados al collado, la cosa no tenía visos de mejorar. Es más, en la vertiente contraria posiblemente sería peor. Tendríamos que encontrar el sendero que lleva de nuevo a Errenaga y buscar refugio en la zona de arbustos, más baja y protegida. Encontrar el lugar de acampada del año pasado iba a ser imposible.

Nos tomamos el ascenso con seriedad. Hacía bastante viento pero no llovía, aunque era muy probable que lo hiciera, y no queríamos que nos pillara una tormenta allí arriba. Hicimos los doscientos metros de desnivel en un tiempo récord (la primera vez siempre es la mejor marca) y, efectivamente, la ladera opuesta nos deparó lo esperado: más niebla.

Nuestras esperanzas estaban depositadas en encontrar el camino y descender. Muy posiblemente, más abajo la niebla fuera menos densa. Nos pusimos a ello y encontramos una tenue huella. Sin embargo, pronto intuimos que nos dirigía a la cima del Pardarri. "Nada de cumbres hoy", pensé, y retrocedimos. Al rato encontramos un cruce y tomamos el sendero correcto. De inicio no era muy definido pero, tras unos metros de descenso, empalmamos con una preciosa autopista de marcas blancas y amarillas que nos dio vía libre hasta una zona más protegida.

Sólo quedaba buscar un lugar resguardado donde montar la tienda, y algo me decía que no iba a ser fácil.

PD: Si nos tomamos en serio la subida al collado que no hay ni fotos.

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