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lunes, 19 de marzo de 2012

Troskaeta.

Amanecía el sábado con la promesa de una jornada primaveral, coleando los últimos días del invierno. El doble objetivo, sima y cima, duplicaba los nervios y las energías necesarias. Ningún problema, disponíamos de la parada obligada en el Koxkor de Lazkao.


Y mientras Asun, Imanol, Josean, Asier y yo, recuperábamos las energías por adelantado, Carlos, con Miguel y Lucía, se acercaban desde Pamplona y nos esperaban en Ataun para comenzar la ruta.

Durante la aproximación a la boca de la cueva, disfrutamos de la vista del Txindoki, de la recolección de varas de avellano y fósiles (gracias al ojo entrenado de Imanol), y de una autopista de barro con cuatro carriles, gentileza de la maquinaria forestal-deforestal de los bosques de pinos.

Un cartel indicando la dirección adecuada, que no el camino, y estábamos a la entrada de Troskaeta. Pantalón de agua, chubasquero, frontal, casco (sólo uno), y el reloj se ponía a cero para la gran aventura de la cueva del oso.


Osos no vimos, pero sí murciélagos de herradura, escaleras de sube-baja, cuerdas para ayudar a no resbalar (que no siempre funcionaban)...


..., hilos de Ariadna, corredores, salas con entradas estrechas (concepto subjetivo donde los haya),...


..., techos con estalactitas imposibles, paredes cubiertas de precioso aragonito, y emoción, mucha emoción durante más de dos horas que pasaron como un suspiro.

Y tras el suspiro, el renunciar a la cumbre prevista. Ya no eran horas, nos estaban esperando, y la chistorra, los chorizos y el provolone de Josean; las cervezas de Imanol; el caldito de Asun; las galletas de Carlos, Miguel y Lucía; y nuestro chocolate caliente, merecían toda nuestra atención.



PD: ¿Quién quiere parques de atracciones teniendo todo un mundo de aventuras ahí fuera?
PD2: Y el llenar las cantimploras en la deliciosa fuente de Intxusti, comprobando que, en la ciudad, bebemos agua estancada.
PD3: Josean ha añadido más fotos y explicaciones en su blog.

3 comentarios:

iK dijo...

¡Todo un lujo! Lo el re-desayuno es una costumbre a considerar (aunque no tengo paciencia para hacer una paradiña antes de hincar las Vibram en la roca, me temo).

Sergio dijo...

Soy consciente de la dificultad pero el esfuerzo vale la pena. Inténtalo.

eresfea dijo...

¡Cuánto niño contento!