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sábado, 11 de febrero de 2012

Una mañana más.

La gripe va ganando adeptos: 25%, 50%,... Antes de que obtenga mayoría absoluta, Asier y yo, huimos de la atmósfera de virus que inunda la casa y nos vamos al monte. Pero no sin antes dejar a los convalecientes bien pertrechados de caldo, leche caliente y pan del día. Salvo razones de fuerza mayor no tendrán que salir a la intemperie. Nosotros, en cambio, miramos el termómetro sin amilanarnos. ¿Menos tres grados? Bah, todo depende de la escala que se escoja; a los americanos todavía les sobran veintiséis para llegar al cero (ºF).

La alerta amarilla no nos afecta, vamos a Ulia. Aquí cerca. Intentamos acceder por Sagüés, pero los desprendimientos siguen cortando el paso; optamos por la ruta clásica. Caminamos sin prisa. Nos fijamos en el silencio del invierno, aprendemos geografía,...


Al final, nos sale una mañanera cómoda y fresca con charcos helados, bocadillos templados y chocolate caliente. Una mañana más, sin hitos ni cimas destacadas, más allá de las que un padre y un hijo van grabando, poco a poco, en su memoria.

PD: Aunque con un compañero inesperado con quien compartir bocadillo.

4 comentarios:

eresfea dijo...

Los petirrojos de Ulía son una subespecie: Erithacus rubecula atrevidus.

Sergio dijo...

Confirmo.

IMANOL dijo...

En casa de mis padres uno tiene su territorio y entra hasta el salón en cuánto ve la puerta abierta, sólo le falta apoderarse del mando de la tele y el sofá.

Sergio dijo...

Y ahora que tienen un cuarto vacío, creo que usa hasta la cama.