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miércoles, 22 de febrero de 2012

Nuevas sensaciones.

Como otros hicieron antes, este pasado sábado, Aimar se calzó sus botas, se ajustó el chubasquero (se puso los calcetines, abrigo, buff,etc), y subió, por primera vez, a lo alto de las campas de Albi. En un principio, no las tenía todas consigo y estaba reticente, hasta que su hermano entró en juego.


Y así, olvidado todo rastro de prudencia, se dedicó, una y otra vez, a disfrutar de uno de los placeres más básicos de la naturaleza: deslizarse a toda velocidad sobre la nieve pendiente abajo.


Aitor y Asier no se quedaron atrás, y los tres se turnaron los "txanperos" de Pedro hasta cansarse. Bueno, hasta cansarse, no, que aún quedaba una batalla de bolas de nieve y un iglú, que se quedó a medio construir (la crisis, supongo).


La lluvia, a ratos agua nieve, no cesó de caer durante toda la mañana. Cierto que nadie se enfrió mientras estuvo en movimiento pero volvimos a casa a comer (y a darnos una ducha caliente).

Recuerdo la primera vez de Asier, hace ya tres años, y lo que más le gustó: las chispitas de hielo que le daban en la cara al frenar. Esta vez, Aimar guardará otro instante en su memoria: la sensación de bajar con las manos levantadas sin agarrarse.

PD: Y tal vez el de las zarzas que le pararon en alguno de los descensos.
PD2: Una visita obligada a la panadería Galburu, y su bizcocho de nueces, en Lekunberri.

1 comentario:

eresfea dijo...

Galburu, bizcocho de nueces. Memorizado.