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sábado, 3 de diciembre de 2011

La noche de la marmota.

Como en la película de Bill Murray, el viernes, en la sociedad de Iñaki, repetimos la cena de hace un par de meses. El mismo número de comensales; la misma proporción de hombres y mujeres, aunque Asun sustituyó a Rosa (el "mismo" número de letras en ambos nombres); los mismos primeros platos, revuelto en ambos casos (que fuera de morcilla no es trascendente, aunque sí imponente); guiso de cerdo de segundo, aunque de diferente parte (jamón versus costilla); tarta de hojaldre de postre. Ligeros cambios entre ambos días.

La conversación fue igualmente agradable y el debate sobre el mismo tema volvió a ser acalorado; octubre, los índices pluviométricos y la percepción subjetiva del clima. La diferencia con la primera cena fue sutil. Esta vez salió a la luz documentación, rápidamente diseccionada (a cachos para más señas) y resumida por uno de los ponentes, ofreciendo su particular interpretación de la misma. El debate fue decayendo en tanto que la noche y la digestión avanzaban, no llegando a ninguna postura común más allá de la deseable horizontalidad.

Amistad, conversación, gastronomía. Más allá del colesterol y de los picos de glucosa, tampoco pareció un mal día para quedarse atrapado.

PD: Ángel se acordó de la colección heredada de chapas de Asier y nos obsequió con un puñado de ellas; con sus respectivas historias.


PD2: En primer plano, la de la mejor cerveza; a su derecha, la de cereza, otro descubrimiento.

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