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viernes, 28 de octubre de 2011

El puente fantasma (por tierras del Vasco Navarro).

Termina octubre con dos puentes. El primero, recién construido, lo aprovechamos para recorrer salpicadamente la vía del Vasco-Navarro. Así, Ainhoa y Rafa, Adolfo, Loli (con visita de médico), y nosotros cuatro, bicicletas y carritos en ristre, disfrutamos de un puente fantasma por tierras alavesas y navarras.



El primer día, partimos de Otazu para llegar al túnel de Laminoria. El túnel está actualmente abandonado y con peligro de derrumbes, aunque la puerta está abierta. Y digo bien, puerta, porque, como un ciclista-bombero que nos cruzamos nos dijo, el túnel estuvo inundado un tiempo para captar agua potable, cerrándolo con portones a ambos lados. Aún quedan los carteles que lo indican.

Los demás días, asentamos nuestros reales en Santa Cruz de Campezo, en el hostal Ibernalo, junto al santuario homónimo. Desde allí, un día hacia el oeste, otro hacia el este, recorrimos la ruta del tren.

Hacia el este, hacia Atauri, cruzando puentes sobre la autovía y llegando a antiguas estaciones desiertas.



Y hacia el oeste, hasta Ancín, perdiendo el camino en algún que otro tramo; nada preocupante si hay lugareños por la zona.



El otoño nos llegó subidos a las bicis; frío, calor, sol, lluvia, vendavales. A lo largo de la ruta, llegamos a pueblos que pueden considerarse fin de etapa, apeaderos abandonados y zonas donde la vía ha sido ocupada por sembrados. Cruzamos bosques, tierras de labranza, puentes, más puentes y algún que otro viaducto.



Dejando aparte que íbamos cinco amigos y dos niños de los movidos, la sensación de soledad fue grande. Salvo el primer día, casi no nos cruzamos con nadie. El nuevo puente no parece haber arraigado e, incluso, tuvimos problemas para encontrar un sitio para cenar que no fuera nuestro hostal (también vacío desde el domingo). Menos mal que no somos de mal conformar y encontramos un sencillo lugar donde nos sirvieron berenjenas rellenas, potaje de lentejas, patatas rellenas, macarrones con tomate, carnes, pescados y postres varios. También había menú de sidrería, con medio pollo con ensalada y tomate, pero últimamente ya han muerto demasiados pollos por nuestra causa y creímos que era momento de darles una tregua.



Muchos kilómetros en bici, más duros al subir que al bajar; una pequeña lucha contra los elementos, con excursión montañera abortada incluida; conocer nuevas tierras cercanas; disfrutar de cuatro días entre amigos. Buen bagaje para un puente fantasma.

PD: Salpicadamente en todas sus acepciones, porque no la hicimos en orden, ni entera, ni seguida y, además, estuvo lloviendo algún que otro día.

1 comentario:

victoria eugenia dijo...

Preciosa fotografía. Mis felicitaciones.