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viernes, 16 de septiembre de 2011

Leitzaran.

El pasado viernes, aprovechando la festividad de Nuestra Señora de Aránzazu, nos embarcamos en otra nueva aventura. Como toda buena expedición internacional, componían nuestro elenco gentes venidas de todos los rincones del planeta, en concreto, de Bilbao. Nuestros amigos, Ainhoa y Rafa, y Adolfo, traían sus bicis para recorrer la vía del Plazaola, desde Andoain hasta Lekunberri, por el valle del Leitzaran. Nosotros habíamos puesto a punto el carrito y pretendíamos completar el recorrido por primera vez; con quien mejor que con ellos.

La intendencia se antojaba complicada. Desde la última vez, los niños habían crecido (y bastante), y entre el remolque, las alforjas y todo el resto de imprescindibles, podíamos comprometer el intento o, al menos, no disfrutar del camino. Finalmente, decidimos dejar un coche en Leitza (con la ropa y demás), y viajar sólo con lo necesario; gran idea del Gran Bilbao.

Salimos de Andoain próximos al mediodía. El camino discurre junto al río con desnivel suave pero constante. Por fortuna, las piernas de mis acompañantes eran bonitas y fuertes (unas más bonitas, otras más fuertes) y se turnaron con las mías para evitar escenas agónicas.

El tramo guipuzcoano recorre aproximadamente veintidós kilómetros. Cerca ya de la muga con Navarra, paramos a refrescarnos en el río. Comimos tranquilos, mientras Nieves y los niños atrapaban un cangrejo de pinzas inmensas. No se trataba de un cangrejo americano; hecho demostrado porque nos entendimos a la perfección y lo devolvimos al agua tras charlar y jugar un rato con él.



Durante todo el camino, las fuentes nos ofrecían un placer a chorros de aguas frescas y límpidas. Mientras en la costa intentaban pelear, y perdían, contra el calor, nosotros nos deslizábamos por las sombras del bosque y de los túneles, respirando un frescor clorofílico. Los últimos siete kilómetros navarros nos dejaron en el hostal Musunzar, recién remozado y de vertiginosas habitaciones abuhardilladas (¡qué escaleras!).

El sábado salimos temprano, rumbo a Lekunberri. Sólo nos quedaban dieciséis kilómetros, pero ese no era el quid de la jornada. El túnel de Huici, de casi tres, había estado cerrado hasta este verano. Continuos derrumbes y filtraciones habían postergado la fecha de apertura. Ahora, recién reinaugurado, infundía respeto. El túnel no está iluminado más que con una serie de bombillas que marcan la línea a seguir; es imprescindible el uso de frontales...



... y de abrigo. Un aire helado nos recibió en cuanto nos acercamos a su boca, recordándonos para qué traíamos las chaquetas en el carrito. Nos las pusimos, encendimos las luces, comprobamos platos y piñones, y nos intodujimos en las entrañas de la Tierra.

En el interior, cuando dobla la pendiente, se encuentra la divisoria de las aguas. Así, a pesar del frío, parte de nuestro sudor se dirigió al cantábrico, parte al mediterráneo. Al tiempo, salimos al reconfortante sol, para terminar de pedalear hasta la estación del plazaola. Bocadillo, café, un helado.

El sofocante sol no nos espoleaba a volver, pero el tiempo pasaba y había que animarse.

De vuelta al túnel, ya pendiente abajo, una incipiente niebla impedía nuestra visión. Las luces del techo se habían estropeado y las frontales proyectaban un cono de luz que apenas dejaba adivinar el camino. Al otro lado, ya no lucía el sol; ese túnel divide algo más que las aguas.

El domingo no nos quedaba mas que regresar. Sin embargo, en Leitza se celebraba el Talo eguna, y no era cuestión de dejar pasar una oportunidad así.



Los muchachos corrían por la plaza. De las ocas, a la hilandera; de la competición de aizkolaris, al carro con burro; de los cencerros, a los talos (con txistorra); incluso nos dio tiempo a subir hasta la iglesia.



Pero llegó lo inevitable. El camino de vuelta fue más de freno que de pedal y, poco a poco, descontamos los kilómetros que tanto nos había costado ganar un par de días antes.

PD: Hay algo mágico en Leitzaran; tres días parecieron tres semanas.
PD2: Para cualquier información, partid de aquí.

10 comentarios:

Ander dijo...

¡Planazo! ¿Podéis adoptarme? Creo que hasta los 40 se puede hacer.

mòmo dijo...

Suerte que os habíamos ayudado a practicar con los frontales...

Sergio dijo...

Ander, estás adoptado. Y sí, casi todos, menos dos, superaban los cuarenta. Un detalle, ¿qué aportas?, ¿piernas bonitas o fuertes?
Mòmo, nos acordamos mucho de vosotros, en el último kilómetro, en el cruce, en el bar de la plaza (esta vez en la terraza), ...

iK dijo...

Oye qué valientes. El túnel de Huitzi. En noviembre igual hago la vía... ¿no da miedito pasarlo si vas solo? ¿El alumbrado es "aleatorio" aunque esté recién inaugurado?

Sergio dijo...

Por de pronto, el alumbrado, no alumbra. Son unas luces en el techo que ayudan a orientarse. Y no siempre funcionan. A la vuelta, estaban estropeadas.
Es imprescindible una buena frontal o una linterna de bici de cierta potencia, si quieres ir deprisa. Si la linterna es mala, no te quedará otra que ir despacio. El firme está bien, con charcos, pero bien.
Y hace frío, bastante frío y humedad, así que chaqueta y chubasquero son recomendables.
Respecto a lo del miedo... La verdad es que da un poco, pero como íbamos varios se atenuaba. De todas formas, da menos miedo que meterse en la carretera.
Otra cosa. La señal a la salida es equívoca. Cuando salgas del túnel, la carretera está a mano derecha. Hay que cogerla y dirigirse a la izquierda. A 200 metros está la estación y se vuelve a empalmar la pista.

iK dijo...

Gracias, Sergio.

eresfea dijo...

Apunte: oye, que casi todos los cangrejos americanos hablan español...

Sergio dijo...

Ya, pero tienen un gusto, digo acento, distinto.

Anónimo dijo...

Ainhoa y Rafa son una única perosna o dos???? Es que en el video el Productor ejecutivo también es Ainhoa y Rafa.....

Sergio dijo...

Así es. Ainhoa y Rafa es un único ente, formado por dos personas. "Vamos a casa de Ainhoa y Rafa", "¿Has llamado a Ainhoa y Rafa?", "El otro día estuvimos con Ainhoa y Rafa". Cuando estamos lejos o hablamos de ellos, siempre nos referimos a "Ainhoa y Rafa", aunque cuando estamos juntos, los distinguimos perfectamente.