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lunes, 15 de agosto de 2011

El vivac (los preparativos).

El 1 de mayo de 2003, Nieves y yo vivaqueábamos en las campas de Aralar. En la tienda para dos personas, dormían tres. Dos, en sacos de dormir; la tercera, en su acogedor y caliente saco amniótico. En ese momento me prometí que, algún día, iría con mi hijo a aquel mismo lugar, a pasar la noche bajo las estrellas. Este fin de semana, cumplí mi promesa.

Pero sin remontarnos tanto tiempo atrás, una vez tomada la decisión, llegaba el momento de preparar la expedición. La fecha, la noche del viernes al sábado; coincidiendo con la lluvia de estrellas de las Perséidas. Sólo teníamos que llevar todo lo necesario para pasar una noche cómoda. Ahí comenzó el tira y afloja con su madre.

Asier tenía que ser capaz de llevar su parte: saco de dormir, ropa de abrigo, agua y barritas de chocolate; amén del silbato, la linterna y alguna cosilla más. No era el peso (podía haber llevado esos tres kilos fácilmente en mi mochila), sino lo que significaba. No le llevaba de acampada; íbamos juntos; él y yo. Cuidaríamos el uno del otro.

Sus pertenencias cabían perfectamente en su mochila de 20 litros; el problema era la mía. Tenía que entrar todo en 32 litros; y eso es poco.

El primer recuento de imprescindibles se saldó con una sonora carcajada. Poco a poco fuimos puliendo lo innecesario y nos quedamos así:



La tienda, los sacos, aislantes, chubasquero, forro, calcetines de recambio, cantimploras... Con el botiquín que preparó Nieves y cobertura telefónica (o una buena fotocopia), podría haber operado de apendicitis.

La comida (macarrones y tortilla de patata), la llevaríamos hecha; sólo habría que calentarla en la sartén (que haría los usos de platos) con el hornillo. Para el desayuno, el clásico tubo de leche condensada.

A duras penas, todo cupo en las mochilas. Salvo mi saco y las colchonetas, que se quedaron colgando y delatando nuestro plan a todo aquel que nos cruzáramos.


Ya sólo quedaba irse a dormir y descansar para el día "D". Y algo me decía que no iba a ser fácil.

PD: A las dos de la mañana, Asier apareció en nuestra cama.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bien que os pudierais resarcir por aquel eclipse tímido que se ocultó entre nubes.

No suele ser lo general pero, a veces, la preparación del equipaje para ir desterrando gramos y centímetros cúbicos (y en un vivaqueo esto son palabras mayores) es tan emocionante como el viaje en sí.


Ch.

iK dijo...

Sí, pero ya sabemos que cuajó, así que el suspense es relativo jajaja. Lo del equipamiento es como meter una chapa en twitter y luego tener que ir adelgazando hasta los 140 caracteres... o bien, como el famoso video del mini-equipo de Steve House para ir al Nanga Parbat: http://www.youtube.com/watch?v=oIkmYiwbZWg
Espero ansioso el nudo y desenlace.
Iñaki

Sergio dijo...

Ch., lo del eclipse forma parte de la afición, y sobre todo en el norte. Con lo del equipaje, tienes toda la razón. Mirábamos, quitábamos, cambiábamos un forro polar por un jersey, reordenábamos las cosas... Nos lo pasamos muy bien preparándolo todo. Hasta el menú.

Iñaki, es más bien como esas películas en flash back. Aunque sepas el final, lo interesante es la trama.

Ander Izagirre dijo...

La mejor expedición que he leído en el 2011.

Sergio dijo...

Gracias, Ander; a partir de ahora buscaremos patrocinadores.