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jueves, 18 de agosto de 2011

El vivac (la ruta).

Poco antes del mediodía, partíamos del Guardetxe de Aralar. La primera parte de la ruta nos era conocida; caminábamos a buen ritmo. Al tiempo, llegamos a Pagomari y paramos a tomar algo.



Asier llevaba en la rejilla de su mochila unos bollos y algo de chocolate. Sin embargo, no pudimos comernos un par de onzas. El calor había ablandado la tableta, y ésta se había convertido en una especie de nocilla líquida. Así las cosas, cada uno con su bollito, y a turnos, fuimos untando el preciado líquido chorreante. La única precaución, chuparse los dedos (por las hormigas más que nada). Seguimos hasta el refugio de Igaratza.

Frente a la ermita, aligeramos el peso de las mochilas a dentelladas. Tras llenar panzas y cantimploras, continuamos. A partir de ahora el camino no sería tan conocido. La aventura comenzaba.

Tomamos la dirección de Irazustako lepoa. Pasaríamos a los pies del Pardarri, del Ganbo y del Ganbo txiki, antes de acampar. Bordeábamos unas lomas cuando, al superar un pequeño collado, lo vimos.

El mar de nubes.



Nos quedamos un rato mirando; los planes cambiaban. Decidimos no bajar más y buscar un buen sitio. Separándonos del sendero, lo encontramos.



Aún era pronto. Las normas del vivac hablan de montar la tienda dos horas antes del ocaso y desmontarla, como mucho, dos después del amanecer. Dejamos las mochilas y nos sentamos a echar unas partiditas de cartas.

Pero algo inesperado iba a trastocar nuestros planes.

PD: ¡Viva la brisca!

2 comentarios:

Liège dijo...

¡Qué buena excursión!
Me ha encantado el mar de nubes.
Abrazos a los cuatro.

Sergio dijo...

Gracias, Liège. ¡Que ganas de darse un chapuzón!