www.flickr.com

jueves, 14 de julio de 2011

Santa Marina.

Lo que ayer era la carretera a Santa Marina de Valdeón, hoy es el camino viejo de Santa Marina. El nuevo vial discurre varios metros por encima y sus dos carriles son la envidia del valle. Por contra, los tres metros de anchura del viejo asfalto, van mermando; la Naturaleza no espera para reclamar lo suyo.



Es martes, sigue lloviendo. Chubasquero, pantalones de agua (sí, ya, son de plástico, pero se llaman así), botas y ¡afuera! La ruta es cuesta arriba todo el tiempo, pero bueno, será cuesta abajo al volver. La falta de circulación es toda una delicia y andamos contentos. Asier reclama un cuento y, durante el camino, se irán sucediendo las historias de los pollos fugitivos, la casa de las ortigas, el lobo bueno y los osos feroces, el pollo y el zorro,... y un montón de historias más que tan pronto se me ocurren y cuento, como olvido.

Cerezas y grosellas, sonrojan nuestras bocas. Una promesa de avellanas y nueces inunda arbustos y árboles, pero hay que escoger una fecha para venir; no se puede tener todo.

Llegamos a Santa Marina. Nos acogemos a sagrado y, en los soportales de la iglesia, comemos el bocadillo. Cafés y cola-caos en el albergue del pueblo terminan de calentar nuestro espíritu y emprendemos camino de vuelta charlando con cuanto lugareño nos encontramos a nuestro paso.

PD: Tendría que escribir esos cuentos. Bueno, quizás Asier se acuerde de ellos.Transmisión oral.

3 comentarios:

iK dijo...

Adoro la Cordillera Cantábrica. Pero la méteo es tan aleatoria y cambiante como aquí. En agosto probaremos suerte, y seguro que también nos tocará algún "día del oso".

Sergio dijo...

Si las viandas son buenas...

IMANOL dijo...

Tienes un Santa Marina en Guipúzcoa que merece una visita (buen lugar para ir con niños), además tiene un restaurante donde se come muy bien y económico, creo se llama Segore (o Segorbe) Etxeberri (alubias, fritos...)