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domingo, 5 de junio de 2011

La crisis del pepino.

Mucho se está hablando estos días del pepino español. Voceros de ciertos países se han erigido en dueños de una razón que el tiempo les ha mostrado esquiva. Pero en todo este tiempo, nadie se ha preocupado de preguntar a los verdaderos interesados. No, no me refiero a los trabajadores del agro español, ni a productores o distribuidores, no. Yo lo que quiero saber es la opinión del propio pepino, de él en su propia mismidad.

Hurgando en mi fondo de armario, encontré un bote. Lo abrí y lo saqué. Se encontraba junto a varias amigas suyas, cebollitas, aceitunas y demás, que me abroncaron por molestarlas. Tras escuchar sus peticiones, acabaron empaladas en un plato, del que dimos buena cuenta a la hora del aperitivo. Y es que yo no me ando con chiquitas cuando se trata de ciertos asuntos.

_Buenos días, Señor pepino.
_Buenos días.
_Aun estando en un bote, le supongo a usted enterado de la última actualidad.
_Sí, así es.
_Me gustaría conocer su opinión al respecto.
_Bueno, todo esto se enmarca en un contexto global de luchas de poder. El gobierno alemán intenta solucionar sus problemas recurriendo al truco más viejo del mundo.
_Mmmm, ¿Cuál es?
_Desviar la atención.
_Entiendo, la gente se preocupa más de no envenenarse comiendo hortalizas que de quejarse por el trabajo, el paro, la economía...
_Bueno, no exactamente. La consecuencia directa de todo esto es el aumento exponencial de los casos de estreñimiento. Sé que suena excesivamente escatológico, pero ya conoce el dicho: "Quien come mucho y caga fuerte, no tiene miedo a la muerte". Esté así un par de días y verá cual es su mayor preocupación, verá.
_¿Tiene pensado alguna acción al respecto?
_Sí, claro. Pienso aprovechar la ocasión para hacer ver a la R.A.E. que han de modificar su diccionario y adaptarse a los últimos acontecimientos.
_¿A qué se refiere?.
_En concreto me refiero a la tercera acepción, de mi nombre. Durante mucho tiempo hemos estado ninguneados y esto tiene que cambiar; ahora importamos a la gente.
_Será difícil cubrir su hueco.
_No crea, siempre quedará el comino.
_Es cierto. Sin embargo, todo esto le tiene que estar afectando de una forma particular.
_Bueno, ya lo veía venir. Verá, tanto los humanos como los pepinos, llegados a la madurez, pasamos por una época de crisis. Esta es la mía, usted pasará la suya y se comprará un coche, una moto,...
_Un teleobjetivo para la cámara.
_Pues eso. La crisis del pepino es temporal y, pronto, todo volverá a la normalidad. Yo mismo hasta hace poco era un colgado, pero maduré y ahora me codeo con lo mejor de la huerta.

La ministra alemana metió la pata hasta el zancarrón. Cualquier niño de los 70, recordará que el Peppino era italiano.



PD: Perdón, el "Señor Peppino". Aunque fuera un titiritero, era todo un caballero.

4 comentarios:

Marc Roig Tió dijo...

Muy bueno; como los pepinos, supongo.

Anónimo dijo...

Si Antonio Machado levantara la cabeza se haría comino al andar.

(¡Cómo se estropean los cuerpos!)

Ch.

Sergio dijo...

Supongo, Marc, yo soy más de calabací y berenjena.
Ch., Antonio Machado siempre fue un poeta del pueblo (y de la huerta).

mòmo dijo...

Jejejejeje.