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lunes, 23 de mayo de 2011

Cinco.

Sábado, 21 de mayo de 2003.


Tal día como aquel, mi hermano era despertado por sus apurados vecinos. La víspera había ido a una boda y abría la puerta aún con la legaña puesta. De pronto, se encontró con un Asier de dos años que, ya por entonces, era un torbellino. Aimar venía y no podía esperar.

Sábado, 21 de mayo de 2011.

Mi hermano ha ido el viernes a una boda y duerme tranquilo; está a mil kilómetros de aquí. Aimar sigue sin poder esperar y se levanta temprano. Viene a nuestra cama y me despierta con un abrazo y un beso; quiere sus regalos.

Una taza para el desayuno, algo de ropa, algún juguete... Asier le ha preparado unas manualidades pero le parecen poco para su hermano. Pide permiso para saquear su hucha.

Con el dinero vamos a la juguetería. Asier dirige.

_Ven, Aimar.

Y coge al cumpleañero de la mano y van directamente a la zona de cochecitos.

_Éste- dice Aimar.
_¿Seguro? - pregunta Asier.
_No, mejor éste.
_¿Seguro?
_Mmmm, no, mejor éste.

Cinco o seis coches rojos después ...

_Venga chicos. Uno te lo coge Asier y el otro, yo.

Después de rebuscar en el monedero y 7,95 euros después, pago el otro coche y continuamos con los fastos. Nieves ha preparado un bizcocho cubierto de chocolate. Pero no parece ser suficiente para todo un quinto cumpleaños y Aimar, imbuido por el espíritu de algún cocinero televisivo, convierte la tarta en toda una selva negra.



Aimar me enseña su mano abierta, diciendo que tiene cinco años. Yo le enseño la mía, y le digo que espere.

Pero no espera. Nunca esperan.

PD: ¡Cinco!
PD2: ¡Jopé!

3 comentarios:

Ander dijo...

¡De alegría brinco! Zorionak!

mòmo dijo...

Felicidaaaaaaaades. J., Í. y M.

Sergio dijo...

Ander, gracias por la rima. Sé que ha sido difícil.
Gracias, Jim.