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domingo, 6 de febrero de 2011

Retorno a Aralar.

El sábado volvimos a Aralar. El guardetxe ya no estaba; lo sabíamos, y temíamos el momento. Tantas veces, tantas experiencias, tantos chorizos, ...




Pero el tiempo todo lo cura y retomamos el camino con la misma ilusión de siempre.

Orientamos nuestro rumbo a Pagomari, con idea de llegar hasta Igaratza; mochilas, botas, bastones, cantimplora, bocadillos y termo de chocolate. Quedaba algo de nieve por el camino, pero no la suficiente como para una guerra de bolas; a lo sumo para una guerra de guerrillas, con escaramuzas a lo largo de la ruta. También nos encontramos con charcos helados, que Asier se encargó de romper y Aimar de recoger (siempre hay axilas paternas para unas manos congeladas).


Los niños recorrían el sendero dos veces. Iban y venían, adelante y atrás; bendita infancia. El día era fresco, pero lucía el sol; el mejor para andar. Llegados a Pagomari, nos encontramos con fuerzas para seguir, así que continuamos, quizás podríamos llegar hasta el refugio.

Pero un resbalón modificó nuestros planes. Un codo dolorido y un pantalón empapado no parecían algo insuperable, pero sí lo suficientemente importante como para adelantar el descanso. Así, a escasos metros de las campas, buscamos un lugar para sentarnos y donde poder colgar al sol las prendas húmedas.


Asier cogió una percha y elegimos un haya soleada para secar su pantalón. Mientras tanto, mi jersey hizo las veces de abrigo y falda. ¿Posible idea para una nueva línea de ropa en Decathlon? Aprovechamos para dar buena cuenta de las viandas, pues de todos es sabido que es de mala educación bajar la comida que se ha subido al monte.

Terminado el avituallamiento, seguimos hasta Igaratza, pero ya no nos dio tiempo a llegar hasta el refugio. Tampoco nos importó, al fin y al cabo ahí seguirá la próxima vez. O al menos, eso esperamos, porque visto lo visto... Volvimos al guardetxe contentos y cansados. Bueno, todos no, porque los niños aún tuvieron cuerda para seguir dándole a las bolas de nieve.

Y ya que esta vez no había ni chorizo, ni café, ni caldito, compensamos con dos hogazas de pan de la panadería Galburu, en Lekunberri.

PD: De a medio kilo cada hogaza. Una normal y otra de taja.

4 comentarios:

iK dijo...

Oh, ¡meteorología sublime la de este pasado finde! Quiero más así.

Sergio dijo...

Veré qué puedo hacer.

leitzaran dijo...

Sergio, ¿se sabe por qué tiraron la casa?

Sergio dijo...

Lo cerraron porque decían que estaba en ruinas y lo tiraron en dos días en lugar de arreglarlo. Desde hace casi dos años hay un cartel anunciando lo que se va a poner en su lugar.
Por lo menos, la caseta del perro sigue en su sitio.