www.flickr.com

viernes, 5 de noviembre de 2010

La tarde de los muertos vivientes.

Salimos de paseo; viernes tarde que parece noche. Llegamos a la altura del kiosco del Boulevard y vemos una muchedumbre arremolinada. ¿Qué pasa?


¡¡¡ZOMBIS!!!


Intento huir, pero es imposible. Hay un muñeco hinchable con txirristra posterior y los niños ya están descalzos haciendo cola.

Los zombis vagan entre la gente. Parece que han comido bien y no van mordisqueando cerebros; en todo caso, rechupetean algún miembro cercenado y saludan balbuceando.
Resulta que están convocados a las siete de la tarde para dar un paseo. Eso sí, cada uno a su ritmo; todos sabemos que hay dos tipos de zombis: los que van rápido y los que van lentos (pegas de arrastrar los miembros inferiores). Después se irán de potes por lo viejo, para regresar a sus sepulturas a medianoche. Bueno, los de los panteones, que los de los nichos tienen que hacerlo antes; por eso de no molestar a los vecinos.

Volvemos a casa y, al rato, me asomo a la ventana. Se oyen gritos. Los zombis se han cogido una buena y, al ir a pagar, han surgido los problemas. Los que no se habían dejado la cartera en la tumba, se les había caído el dinero por los bolsillos desfondados, o tenían caducadas las tarjetas de crédito. Dos de ellos han recibido una paliza de muerte

No parece haberles importado demasiado.

PD: Bueno, os dejo, que llaman a la puerta.

No hay comentarios: