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sábado, 16 de octubre de 2010

De lo divino y lo humano.

Trajes elegantes, peinados perfectos, las mejores galas; un día soleado, una tarde cálida, una atmósfera acogedora; una ceremonia hermosa, una lectura escogida, un beso de amor; un lugar mágico, una cena espléndida, un baile emotivo.

Decenas de invitados, dos protagonistas; Miguel y Elena.


Epílogo:

Un banquete como no vi otro igual. Las gambas cubrían un iceberg de hielo, rogando ser comidas. Su espera no duró mucho, es más, en lo que fui y volví con la cámara sólo quedó una, inmortalizada para el recuerdo (y no me la comí yo).


Tras los aperitivos, la cena. El plato de los niños, un fantástico Todo-en-uno que para mí lo quisiera en otras circunstancias.


Asier no paró de bailar, hasta que apareció la fuente de chocolate. Era imposible librarse de su atracción. Su aroma, su cadencia, sus cuencos llenos de frutas... desde entonces, su recuerdo puebla mis pesadillas (y mi cintura).



PD: Y un diez para el camarero que le acercó la caja al ver que casi no llegaba.
PD2: También hubo, como no, tarta nupcial pero, para cuando me di cuenta y quise hacerle una foto, no quedaba nada (ni en mi plato).
PD3: Obviamente, para entonces, Aimar estaba dormido (que si no...)

1 comentario:

Tia madrina dijo...

Doy fe que Atxerito no paro....saco fotos a todo el mundo (de raza le viene ya el galgo) con la super camara que le regalo su padre y no paro de bailar en toda la noche, parecia su noche, que bien se lo paso