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lunes, 26 de julio de 2010

Una organización perfecta.

Domingo, 25 de julio.

Tras unos últimos forcejeos, el diente de Asier termina por caer; saltan todas las alarmas.
Son más de las once de la noche, estamos lejos de nuestra dirección habitual, y hay que comunicarle U-R-G-E-N-T-E-M-E-N-T-E al ratoncito Pérez la noticia. Gracias a la conexión móvil de internet podemos solucionar el problema, pero queda otro aún más peliagudo: la casa está rodeada de gatos.

Inmediatamente se descarta la idea de dejarle la puerta de la casa abierta. Optamos por la ventana del piso de arriba, aunque ¿cómo subirá? Hay una bajante en la fachada, pero su acceso pasa cerca de la leñera; demasiado arriesgado.

Entonces, se nos ocurre una idea. Dejamos una cuerda atada a la ventana y la enganchamos a la valla que discurre junto a la carretera. Queda a una altura suficiente para que los felinos no alcancen aunque, durante unos metros, el ratón se jugará el tipo. El equivalente humano sería andar por la cuerda floja sobre la jaula de los leones. Sabemos que la organización que dirige el Sr. Pérez no deja nada a la improvisación, y vendrá provisto de arnés o algún sistema similar, pero la situación no deja de ser crítica.

No podemos menos que irnos a la cama preocupados por el pobre roedor. Esperemos que todo vaya bien.

Amanece el lunes. Entre bostezos y legañas, Asier comprueba la suma: uno más uno, dos euros (y dos chocolatinas).


La organización Ratoncito Pérez, S.L. ha vuelto a cumplir con las espectativas puestas en ella. Muchas gracias.

PD: Y agradecer también a esa persona que, desinteresadamente, salió a llenar el cuenco de leche de los gatos y lo puso lejos de la casa para despistar a los mininos.

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