www.flickr.com

lunes, 12 de julio de 2010

Amor de madre.

La gata de mi leñera sigue siendo tuerta.


Los tres cachorros del año pasado hace tiempo que abandonaron a la gata tuerta de mi leñera, era necesario. Ella no se pregunta dónde fueron; mis niños, tampoco; yo, sí. Pero no importa.

Este año, dos nuevos cachorros acompañan a la gata tuerta de mi leñera. Ella no les quita ojo, el bueno, y cuida que coman mucho y beban leche; yo les ayudo lo que puedo. Uno tiene las orejas negras, como su madre; el otro es completamente blanco, como quién sabe. Pero no importa.

Dentro de unos meses, los gatitos, ya gatos, la abandonarán. Para ellos será la primera vez, para ella no. Pero no importa.

Amor de madre; ley de vida.

PD: Y les enseña a cazar ratones y pájaros.
PD2: Eso, sí importa.

3 comentarios:

eresfea dijo...

¡Ay! No me digas que te ha salido un orzuelo..., ¡ay, ay!

Sergio dijo...

Pobre gata, sólo le faltaba que le echaran mal de ojo.

Liège dijo...

¡Pobre gata!
Y ¡qué lindos los gatitos!