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sábado, 20 de marzo de 2010

Día del padre.

Amanece el viernes. De hecho ya lleva el día un buen tiempo amanecido porque casi son las ocho. Es raro. El año pasado a estas horas, ya tenía el terremoto encima. Sin embargo, esta vez, no parece haber movimiento. La sangre llega a mi neurona y recapacito; me doy la vuelta, y los veo. Asier y Aimar, están durmiendo con nosotros, llegados a una hora indefinida en la que el miedo venció al sueño.

Asier despierta y me pide que le cuente un cuento.
_¿No prefieres una historia?- le digo.
_Sí, vale.
_¿Sabes la historia de cuando me convertí en aita?
_No, cuenta, cuenta.

Y le cuento.

Hace ahora seis años, cuatro meses y cinco días, el médico estuvo viendo a la ama y nos dijo que tenías que nacer. Había algo extraño en los análisis y, como ya habías estado bastante tiempo en su tripa, no había ningún problema en que te adelantaras un poco. Preocupados, le preguntamos si podíamos pasar por casa a recoger tus cosas y nos dijo que sí, que tampoco era para tanto, más bien un porsiacaso. Así pues, al día siguiente, subimos en autobús al Hospital.

Resultó que había un montón de amas a las que sus niños apremiaban por venir al mundo, con lo que tuviste que esperar. Sin embargo, el día doce, llegó nuestro turno y fuimos a la sala para que nacieras. Desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde te hiciste de rogar pero, por fin, la ama dijo: "Este ya viene".

La matrona, la médico y las enfermeras rodearon a la ama. Yo me quedé en la cabecera agarrándole la mano y dándole ánimos; parecías algo perezoso. Al rato, la enfermera me dijo: "Ya sale, ya sale, ¿quieres verlo?" Y sin que yo pudiera hacer nada, me cogió del brazo y me arrastró hasta donde pude ver una coronilla morena asomarse. En cuanto sacaste la cabeza, no te entretuviste más y saltaste a los brazos de la matrona.

Yo tenía todo el miedo del mundo, todo. Pero, al instante, te pusiste a llorar y se me pasó. Era un lloro potente, precioso. La enfermera te limpió un poco, te puso encima de la ama e inmediatamente callaste. Fue el breve instante más largo que nunca he vivido. La ama se puso a llorar; yo también. Tú continuaste tranquilo un rato, moviéndote al compás de la respiración y con el oído pegado a su corazón; luego te pusiste a comer.

Y así es como naciste, Asier.

PD: Una vez más, Asier y Aimar han diseñado unos preciosos y útiles objetos ( un marca-páginas gigante y un perro-pinza-coge-notas), que ocuparán un lugar destacado a la entrada de casa.
PD2: La tirada es limitada.

6 comentarios:

chalo84 dijo...

¡¡Que bonita historia Sergio!!

Ander dijo...

¡Esto es un padre! Zorionak!

Sergio dijo...

Gracias, Gonzalo.
Gracias, Ander.

eresfea dijo...

Qué bien.

Sergio dijo...

¿Verdad que sí?

mòmo dijo...

No sé cómo (con lo hermosa que es), se me había pasado por alto esta historia.