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martes, 9 de febrero de 2010

Cumbres y educación.

Pertenezco a un pequeño Clan, en una aldea que es capital de una comarca, conocida por su amor a la montaña. Nuestros montañeros han viajado mucho, y han ascendido a las más variadas cumbres. Desde pequeños, les enseñamos a respetar el terreno que pisaban; a no dejar más huella que las de sus botas, allá donde iban; a integrarse con los habitantes de la zona que visitaban y compartir sus conocimientos y experiencias.
Cuando organizamos una expedición, compramos comida, contratamos guías, dormimos en los albergues, del lugar desde donde partimos en busca de la cima que pretendemos llevarnos a casa. Si las costumbres así lo indican, evitamos mancillar la cumbre con nuestras banderas y abalorios. Sabemos que el esfuerzo es importante.

Nunca supuse que la moneda me sería devuelta de esta manera.

Desde hace tres días, unos extranjeros han venido a mi aldea. La han ocupado, han modificado nuestras costumbres, pero no les he visto comprar en mis tiendas, no han comido con nosotros, no han visitado mi pueblo.
Por contra, han venido con sus propios guías; han hecho la Cumbre en La gran montaña blanca, que se alza en nuestro territorio; y han colgado su bandera en lo más alto.

Días oscuros se ciernen sobre nosotros.


PD: Es que el invierno está este año que...
PD2: Mucho ministro comunitario en el Kursaal, pero traen sus coches, sus guardaespaldas (como armarios), y van y vienen a toda velocidad al Hotel Maria Cristina. ¿Y los pintxos? ¿Se van a ir sin catar el revuelto de hongos de La viña? Bah, sea uno ministro para eso.

2 comentarios:

iK (Iñaki Munain) dijo...

Aysss, cómo son. ¿Son como nosotros? ¿Son lo que nos merecemos? ¿Son mejores; son peores? Aysss...

Sergio dijo...

No lo sé, no los he visto; es más, estoy por pensar que lo que de verdad se celebra es un congreso de guardaespaldas.