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jueves, 21 de enero de 2010

Toda la vida.

El tiempo de pupa llegaba a su fin. Pronto sería una mosca adulta y viviría sus veinticuatro horas a tope. Había planificado su existencia con todo detalle. Lo primero sería alejarse del bullicio del bar donde su madre había puesto los huevos. No soportaba la música, es más, la había llegado a odiar. Todo lo que superara el ruido de una compañera la irritaba sobremanera. En cuanto pudiera, extendería sus alas, saldría zumbando de allí y volaría hasta un lugar tranquilo y silencioso donde comer y reproducirse (aunque no tenía por qué ser en ese orden).

Su momento llegó cercana la medianoche. Tal y como había, planeado salió del local y se dirigió a una zona despejada. Llegó a una plaza y se posó en un balcón. El aire era fresco, y sólo un murmullo se oía en la noche iluminada.

Súbitamente, una barahúnda se adueñó de la calle. Pensó en alzar el vuelo, pero enseguida desistió, al fin y al cabo, semejante estrépito no podía durar toda la vida.


A diez metros bajo sus seis patas, un nutrido grupo de cocineros, soldados napoleónicos y gente vestida con gorros y palillos, cogían aire, levantaban los brazos y empezaban a entonar:

_Ba gera...


PD: Una vez más, los donostiarras demostramos que nos gustan las cosas concentradas, sean tambores, txistorra,... de doce a doce.

1 comentario:

IMANOL dijo...

"no podría durar toda la vida"
juás!!