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martes, 29 de diciembre de 2009

Finales felices.

En el país de las aves, todo aquel que no tuviera plumas no era bien recibido. Ratones de campo, conejos, mapaches, ardillas, ciervos, lobos, hurones,... , todos sin exclusión eran expulsados del territorio en cuanto cruzaban sus fronteras.
Ejércitos de estorninos atacaban sin miramientos y golpeaban con sus diminutos cuerpos, lanzados a gran velocidad, sobre los animales que intentaban infringir sus leyes, hasta que huían; halcones y águilas eran más expeditivos. Muchos morían en la batalla, pero las fronteras continuaron inexpugnables durante mucho tiempo.
Un día, un cuco subió al trono de aquel reino. El petirrojo, anterior monarca, lo había criado como hijo suyo. Todo el mundo se daba cuenta de la diferencia entre padre e hijo salvo, por algún motivo, el propio padre. Así las cosas, una nueva estirpe de pájaros tomó el control y empezó a realizar pequeños cambios.
Uno de ellos fue el permitir a otras especies cruzar los límites del país. Siempre controlados por un par de azores, aves de confianza del nuevo regente, y prometiendo previamente no causar daño a ningún súbdito que se encontrara bajo el protectorado del rey cuco.
Siendo así las cosas, un zorro pidió audiencia. Siguiendo las nuevas normas, fue recibido en palacio y presentó sus respetos con su mejores maneras. Dichos ademanes encandilaron a la hija del monarca, hecho que fue rápidamente advertido por el zorro, quien aprovechó la ocasión para hacerle la corte.
El animal creyó haber encontrado el mejor lugar para ocultarse de los cazadores y sus perros, y maquinó la idea de casarse con la princesa. Pensaba, a través de su influencia, volver a cerrar las fronteras. De esa manera, podría realizar sus cacerías, teniendo siempre un refugio seguro a donde volver. Claro estaba que jamás haría daño a ningún ave que viviera en aquel lugar; su seguridad y futuro estaban en juego.
Poco tiempo le costó al raposo, con su labia y buena presencia, convencer a la princesa para que se desposaran cuanto antes. El rey cuco también estuvo de acuerdo y dio su bendición a la pareja, que formalizó su unión ante decenas de bandadas de pájaros venidos de todo el reino.

Y fueron felices, y comieron perdices.

PD: Y ahí se jodió todo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡JUAS!

Eso, más que un final, es de lejos uno de los mejores cliffhangers con que me he topado en tiempo.

Felices fiestas y venturoso 2010 para ti y los tuyos.


Chalkiria.

eresfea dijo...

¡Final y refinal!
(Pienso en perdices escabechadas, ¡ay!).