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domingo, 6 de septiembre de 2009

Relojes.

Tengo en mi casa muchos relojes: en la cocina, en el horno, en el vídeo, en el salón (regalo de boda de mi abuela Cándida), en la habitación, en la muñeca (el de diario y el de guapo),...
Todos marcan las horas, como dice la canción; giran y giran sin parar (bueno, los digitales, no), para volver al cabo de un día, al mismo sitio.

Tengo también otros dos relojes, que no paran de dar vueltas. No marcan las horas sino los años y, cada vez que los miro, veo que cambian, como yo lo hago. De manera inexorable, que dicen.

Aimar y Asier, comenzaron el viernes el cole; Asier, empieza primaria.

Inexorablemente.


PD: Bueno, no me quejo. Por lo menos no hay que cambiarles las pilas; tiene cuerda para rato.

5 comentarios:

escéptico dijo...

Creo que fue Rocío Jurado la que dijo que tenía un reloj de acero inexorable.

mòmo dijo...

¡Primaria...!

Sergio dijo...

escéptico, ¿no sería un "reló de asero inesorable"? (Me apunto el dato, gracias).
Mò, un clic para Joana de la piratesca mochila de Aimar.

Liège dijo...

Sergio, esas vueltas espirales del reloj son lo que dan a la vida felicidad y el sentimiento de realización.
La mochila de Aimar debe de estar llena de tesoros de chocolate... Es el pirata Garrapata, ¿no?
Abrazos.

leitzaran dijo...

Sergio, ¿para qué metes un reloj en el horno? Seguro que ese reloj, aunque sea digital, sí da vueltas.

Los dos últimos relojes son fieles reflejos del concepto más interesante del tiempo. Que los veas dar muchas vueltas.