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domingo, 26 de julio de 2009

Crónicas de Valdeón (M31).

Salvo una que despejó brevemente, todas las noches que pasamos en Posada de Valdeón, estuvieron nubladas. Ya podía transcurrir el día con el cielo más azul que, indefectiblemente, llegado el ocaso, la niebla bajaba al valle.

La víspera de nuestra partida cayó un chaparrón a media tarde que vaticinaba el peor de los augurios de la bruja de la Farfada: "El cielo de Valdeón no es para extraños".
Sin embargo, después de la cena, el espectáculo nocturno era impresionante. Salí a montar el telescopio tras el hostal, rezando para que no se cumpliera la maldición, cuando Miguel se acercó a curiosear. Miguel es hijo de Pedro y Maite (y hermano de María), dueños del hostal y nuestros anfitriones todos los veranos desde hace unos catorce años. Pero lo más importante es que Miguel es también hijo del valle, con lo que nuestra buena suerte estaba asegurada. También se acercaron nuestros vecinos de habitación, con su niño de la edad de Asier.

El resto es un breve paseo por los vericuetos del firmamento: galaxias, cúmulos globulares, constelaciones, la estrella polar,... sólo nos faltó un planeta para redondear el asunto. Tampoco es menos cierto que los niños jugaron más que miraron por el ocular pero les dejaremos el doctorado para otro momento.


Yo me quedé hasta las cuatro y aproveché para hacer la foto de esta entrada. La galaxia de Andrómeda, M31 en el catálogo Messier; el objeto más lejano visible por el ojo humano y que dista de nosotros... pero había dicho que iba a dejar el doctorado para otro momento.

PD: Como la he procesado con el portátil quizás no se vea bien todo el detalle de la galaxia, pero tenerlo, lo tiene.

3 comentarios:

mòmo dijo...

Precioso.

eresfea dijo...

¡Jopé! Te leía y veía la perfecta resolución a un cuento de Ethan Canin que ahora, por favor, tienes que leer: El emperador del aire.

Sergio dijo...

Gracias, Mò.
Gracias por la recomendación, Josean. Lo tengo localizado en la biblioteca de Gros; cuando vuelva.