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sábado, 25 de abril de 2009

Marido ausente.

_¡Pum!, ¡Pum!
Los golpes en la puerta sonaban inquietantes a esas horas de la noche.

_¡Pum!, ¡Pum!, ¡Abran!, ¡Policía!
La voz, amortiguada por la puerta, se oía clara y no dejaba dudas sobre lo que había que hacer. Ella se levantó, se puso una bata y abrió despacio.

_¿Qué quieren?- dijo con acento foráneo.
_Abra señora, inmigración - la voz hablaba con un tono intimidante.

Ella abrió del todo y los policías pasaron; el inspector, un sargento y un cabo.
_¿Dónde está su marido? - dijo el inspector.
_No lo sé - respondió la mujer, mirando al suelo. Hace tiempo que no le veo; mucho tiempo.
_A ver, cabo, mire en la habitación.

Nada mas decir esas palabras, un hombre se asomó por la puerta. El cabo y el sargento echaron mano al cinto pero el inspector les tranquilizó.
_¿Es ese su marido?- preguntó a la mujer.
_No - dijo ella.
_¿Y quién diablos nos quiere hacer creer que es?- replicó.
_Es mi nueva pareja- balbuceó. Ya le dije que hace mucho que no veo a mi marido.

El inspector dudó.
_¡Sargento!- gritó. Deme la foto. ¡Enseguida!
_Lo siento, inspector, no tenemos ninguna foto - dijo el sargento, queriendo que se lo tragara la tierra.
_¡JODER! ¿Cómo quieren que hagamos nuestro trabajo si no sabemos a quién tenemos que detener?
_Tengo la descripción.
_Venga, venga, ya tarda.
_Varón, mediana edad, metro ochenta, pelo castaño con entradas, complexión atlética...
_¡LA LECHE! No me toque las narices, sargento, esa descripción podía ser la mía.

El sargento y el cabo se miraron pero evitaron reírse. El sobrepeso del inspector era más que evidente, las entradas eran una calvicie cubierta con un ridículo peluquín y el metro estaba más cerca del sesenta que del ochenta.

En ese instante, una puerta se abrió al fondo del pasillo y dos niños pequeños se asomaron frotándose los ojos.

_Son mis hijos- dijo la mujer, arropándolos con sus brazos.
_Vosotros, mocosos,¿es ese vuestro padre?- espetó a los niños, señalando al hombre, que hasta el momento no había abierto la boca.

Los niños no dijeron nada. El inspector iba a chillarles cuando el sargento le interrumpió.
_Es inútil, señor, seguramente ni siquiera hablan nuestra lengua, no creo que le entiendan; además, son menores y podía darnos problemas.

Los niños entendían el idioma perfectamente, pero habían aprendido tanto a hablar como a callar.

_Vale, vale- dijo con un gesto de fastidio. Dejémoslo estar. Cabo, busque un álbum o algo por ahí. Tiene que haber alguno, así veremos quién es este tipo.

El cabo encontró rápidamente una caja de zapatos repleta de fotos, y se pusieron a revisar.

Al cabo de quince minutos de mirar y remirar, el inspector soltó un bufido y dijo:
_Es inútil, no aparece en ninguna, vámonos.
_Y qué pongo entonces en el informe- preguntó el sargento.
_Ponga "Marido ausente"; lo siento señora, buenas noches.

Y se fueron como habían venido, aunque con menos ruido. La familia se abrazó y volvió a la cama, al día siguiente había que trabajar.

PD: La andereño de Aimar nos ha pedido, para un trabajo de clase, una foto de la familia en la que estemos los cuatro, solos. He tenido que remontarme diez meses atrás, unas dos mil fotos, para encontrar una.

2 comentarios:

IMANOL dijo...

Es que tienes el gatillo más rápido que el inspector.

Sergio dijo...

Algunos incluso piensan que hago vídeo en lugar de foto.