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sábado, 11 de abril de 2009

Excursiones asturianas (I).

Eran lógicas nuestras dudas cuando, el viernes, revisábamos el mapa de Asturias para decidir una nueva excursión.

_¿Villaviciosa?- dijo Nieves.
_Sí, porqué no – contesté. Está cerca y suena conocido.
_Hombre, por sonar no suena precisamente recomendable, pero bueno, vamos.

Así pues, preparados para visitar la Sodoma y Gomorra asturianas partimos rumbo a VillaViciosa.

Y hete aquí que la ciudad en cuestión, o villa o pueblo, es conocida en la zona por sus pasos de Semana Santa e incluso alberga un museo abierto todo el año (fuera del verano, sólo grupos). Además, en su puerto es donde, ya hace unos años, desembarcó Carlos I (ese que en Alemania quedó 5º), pisando por primera vez sus posesiones españolas, y quedándose varios días en el lugar. Esto último lo pregonan con orgullo los “villaviciosos”, aunque seguramente se debiera más a un asunto de comunicaciones que a otra cosa (ver actualización).

Hay muchas cosas más para ver en el pueblo. Un curioso bar motero, ruta 66, cerrado en horario diurno (como debe ser), pero cuyo dueño pudimos ver entrar a media tarde; un hombre de mediana edad con bigote y perilla, botas de cuero y tacón, chupa a juego y gafas de nomemiresmal. Para el que le guste, promete.

Y destacar asimismo el floreciente mercado de intercambio de cromos de Lamincards. Os dejo la imagen pegada en la panadería local con los números que faltan y la tasación actual.


Advertiréis que la cotización ha subido de 0,10 a 0,15, es decir, un 50% de incremento. Pienso que las Lamincards pueden ser un valor-resguardo para todo aquel que quiera invertir en fondos asegurados en estos momentos de crisis. Sean lo que sean, y valgan para lo que valgan, las dichosas Lamincards.

Cerramos el día con un chocolate con churros (chocolate, bien; churros, no tan bien).


Por no alargar la entrada, me quedan en el tintero unos deliciosos calamares y unas urnas ad hoc para la semana santa pero que dan bastante miedo. Lo dejamos para otro día.

1 comentario:

mòmo dijo...

Yo dejaba la lista con los números que me faltaban en el estanco de mi padre, y él se encargaba de cambiar con los chicos que entraban en la tienda. Pero eran vulgares cromos, no Lamincards.