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sábado, 14 de marzo de 2009

La voz.

El jueves doce, asistí a la conferencia que Sebastián Alvaro, creador, director y alma mater de "Al filo de lo imposible", daba en Donostia. Como ya comenté en su día, a finales del año pasado fue prejubilado por TVE y vino a hablar del espíritu que impregnó e impulsó el programa, y sus nuevos objetivos. Al fin y al cabo, el título es lo de menos.


Son varios nombres propios los que, comentó, le inspiraron a él y al equipo, y que reflejan su modo de actuación. No grandes figuras recordadas por sus logros, sino hombres y mujeres alejados de la primera fila por haber fracasado en sus intentos, pero que antepusieron el bien común al éxito particular y que hicieron de sus circunstancias, ejemplos de superación.

Como Ernest Henry Shackleton, que fracasó en todas y cada una de las empresas que acometió, pero que durante su penúltima expedición, la del Endurance, fue capaz de liderar a un grupo de hombres durante más de un año para sobrevivir en las condiciones más duras, físicas y mentales, en los confines de la Tierra.

Como Antxon Arza, piragüista que colaboró en varios programas y que quedó parapléjico en un accidente en el río Yuruní en Venezuela. "Me cortaron las alas pero seguí soñando"- dijo Antxon cuando se recuperó. Acaban de volver de un viaje por el desierto, Sebas en moto y Antxon en quad.

O como Esther Sabadell, que se partió los huesos, en un descenso por un barranco en la isla de Guadalupe, por veinticinco sitios y a quien los médicos auguraban una vida de cojera. Volvió a la montaña, subiendo al Manaslu con Edurne Pasaban, en una de las últimas expediciones del programa.

Sebas hablaba de soñar con objetivos imposibles pero ir consiguiendo metas pequeñas; hablaba de curiosidad y abstracción, de miedo y humildad; pero sobre todo, lo que caracteriza tanto a su vida como a los retos que acomete es la fuerza del optimismo. Siempre se ha preocupado de formar equipos de gente que compartan objetivos pero no por realizar las mismas actividades sino por tener una filosofía común. Reunía, por ejemplo, montañeros con piragüistas, saliendo de ese encuentro nuevas ideas y amigos. Se enorgullecía de "trabajar con tipos (palabra que le gusta mucho) con quienes podías ir al fin del mundo", en sentido literal y figurado.

"¿Quienes de ustedes puede decir lo mismo de la gente con la que trabaja todos los días?"- dijo de pasada; y un sentimiento de envidia inundó la sala.

Objetivos imposibles, metas pequeñas, optimismo, Sebastián Alvaro nos enseñó algo más que la trastienda de su programa y sus nuevos retos, como sobrevolar en globo el K2. Nos enseñó que la curiosidad, la humildad, el sacrificio, son hechos diferenciales de la esencia humana que no podemos olvidar; y en ese orgullo de ser humano hemos de basar nuestra existencia.

Salí muy contento de la charla y me quedé con las ganas de saludarle. Quizás en otro momento y con otra compañía (¿Dónde te metiste, Ander?). Pero lo que más me impresionó y recordaré, fue escuchar su voz; la voz que llevo tantos años oyendo en la tele, con su deje característico, ahí mismo, al alcance del oído, sin guión de por medio y revelando el alma del gran hombre que es.

PD Sebastián Alvaro lidera el proyecto Hushé, de ayuda a las poblaciones baltíes, conocidos por ser los mejores porteadores del Karakorum, siempre olvidados y sin cuya ayuda ninguna de las expediciones tendría éxito. Al filo de lo imposible dedicó un programa entero a este pueblo.
PD2 Guardo en mi ordenador un intercambio de correos y en mi biblioteca un libro dedicado que debo en parte a Ander.

2 comentarios:

Ander dijo...

Mecagüenlamar, Sergio, ese día estaba en Huesca. Pero tampoco me había enterado de la charla. Lánzame un avisito si planeas ir a asuntos de estos...

Y me da rabia que no saludaras a Sebastián. Es un tío muy majo. Ya sabes que hace unos meses me encontré con él en Jaca y que hablamos de ti. Le hubiera gustado saludarte, seguro.

Sergio dijo...

Bueno, ya sabía que estabas en Huesca, lo leí en tu blog, pero te avisaré la próxima, quid pro quo.

Y sí, me quedé con ganas de charlar con él; pero de charlar, charlar no de decirle sólo "hola, soy yo ¿te acuerdas?". Y en esas circunstancias, con señoras que le rodean para decirle lo que le gustan sus documentales y atendiendo a los medios, amigos y demás... mejor espero a la próxima. Valdrá la pena.