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viernes, 6 de febrero de 2009

El intercambio.

Su rodilla izquierda, con el ligamento cruzado dañado, y mi tobillo derecho, inflamado de subir y bajar escaleras, nos daban poca autonomía, así que quedamos en un bar cercano. Íbamos a hablar de Astronomía, de rotaciones y traslaciones, de las estaciones del año, de luz y oscuridad. Su llamada del día anterior me había desconcertado un poco, pero ahí estábamos, dispuestos a debatir ideas y refutar las enseñanzas de cierto profesor. Yo le había pedido que trajera alguna foto de sus viajes y así lo había hecho.

Empezamos con las estaciones del año. En verano, la luz del Sol incide sobre nosotros de una forma más directa que en invierno, en el hemisferio norte, razón por la cual hace más calor; sin embargo estamos más lejos del Sol, en el extremo más distante de esa elipse que realiza nuestro planeta en su movimiento anual. La inclinación del eje de la Tierra es la causante directa y una consecuencia de ello es la diferente duración del día y de la noche a lo largo del año.

Me hizo otra pregunta. Una pregunta para la que ya tenía respuesta pero de la que, como muchas veces sucede, alguien aparentemente más enterado del tema le había hecho dudar.

_A partir del veintiuno de marzo, cuanto más al norte vamos, más dura el día.¿verdad?- me dijo.
_Sí, claro, es el equinoccio de primavera. Y a partir de una latitud, hay por lo menos un día al año en el que no hay noche, el sol no se pone.

Abrió su carpeta y me enseñó una foto suya en NordKapp. Siguió hurgando y sacó una postal con el Sol de medianoche.

_Es impresionante- me dijo. El Sol empieza a bajar y, en lugar de ponerse, viaja paralelo al horizonte y vuelve a subir.

Yo le miraba con envidia sana. Sabía todo sobre el movimiento del planeta, de ángulos y distancias, pero nunca había visto ese fenómeno. Sin embargo, él lo describía con unas palabras y una emoción que, en cierta manera, me hacían sentir haber estado allí. Yo lo había estudiado pero él, lo había vivido.

Continuamos charlando, de los trópicos, de los círculos polares, y de las diferentes formas en las que la Luna y el Sol caminan por el cielo en esas latitudes. Un efecto muy curioso es que, en el ecuador, nuestra estrella sale verticalmente y sube y sube y sube, hasta llegar al cénit. Así, hay unos días al año en los que los cuerpos no proyectan sombra.

Él ya lo sabía. De hecho acababa de venir de un viaje por Ecuador y ese detalle ya le había llamado la atención; también que amanecía y anochecía muy rápido, consecuencia de dicha trayectoria.

Al cabo de un rato, las teorías de aquel profesor enteradillo habían quedado doblemente enterradas. Por un lado, con mis explicaciones teóricas y, por otro, con la experiencia vivida en primera persona atesorada en sus ojos. Una última pregunta sobre la forma en la que la luna salía y se ponía en Marruecos, terminó por sellar la unión entre la ciencia y la experiencia.

La charla no duró mucho, apenas hora y media, pero al salir del bar, con mis libros y sus viajes, a pesar de su rodilla y mi tobillo, ya no estábamos tan cojos.

PD: No los mencionamos, pero Kepler, Galileo y Copérnico, hubieran estado orgullosos. Personalmente considero, cuando menos, una indecencia el enseñar mal en las escuelas estos asuntos. Ahora los tratamos como temas menores; sin embargo, no hace tanto, la sociedad en la que vivimos empezó a cambiar precisamente cuando alguien miró al cielo y empezó a hacerse ciertas preguntas.

9 comentarios:

Thunder dijo...

Curiosa, genial y enorme charla.

Sergio dijo...

Astronómica charla.

Ander dijo...

Menudo par de personajes. Pensar que hay gente con la que uno no sabe de que hablar...

Ander dijo...

Sergio, deberías preguntar a Josema por qué firma como Thunder.

Sergio dijo...

Se adivina otra interesante charla...

leitzaran dijo...

Bueno, ¿no habíamos quedado en que era el sol el que gira alrededor de la tierra?

Bromas aparte, un tema apasionante dentro de esa línea es el relacionado con el magnetismo terrestre, su origen y, sobre todo, su gran variabilidad. Y, dentro de esto, las inversiones periódicas de polaridad de dicho campo. Lo lanzo como idea.

eresfea dijo...

Leitzaran, ¡terrorista!

Ander dijo...

Como podéis ver aquí, en Edimburgo, el 15 de abril, el sol sale a las 6.07 y se pone a las 20.20. Duración del día: 14 horas y 13 minutos.

(http://www.timeanddate.com/worldclock/astronomy.html?n=304&month=4&year=2009&obj=sun&afl=-11&day=1)

En esa web no sale Donosti, pero sí Bilbao. Y, como podéis ver aquí, en Bilbao, el 15 de abril, el sol sale a las 7.30 y se pone a las 20.55. Duración del día: 13 horas y 25 minutos.

(http://www.timeanddate.com/worldclock/astronomy.html?n=327&month=4&year=2009&obj=sun&afl=-11&day=1)

En esa época, las horas diurnas se alargan en Edimburgo más de cuatro minutos cada día. Y en Bilbao se alargan más de dos minutos cada día. Por tanto, la diferencia va creciendo a favor de Edimburgo.

El 21 de marzo, los días son casi iguales en ambos sitios (Edimburgo: 12 horas y 16 minutos; Bilbao: 12 horas y 12 minutos).

El 21 de junio, el día es mucho más largo en Edimburgo (18 horas y 29 minutos) que en Bilbao (15 horas y 23 minutos).

Por tanto, entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano, Edimburgo va ganando mucho más tiempo de horas diurnas que Bilbao.

Amén.

Sergio dijo...

Leitzaran, no te creas todo lo que lees (esto incluido), ese dato está manipulado por las multinacionales de la brújula (Silva, Recta,...) quienes, como todo el mundo sabe, son los que indican el rumbo a seguir.

Eresfea, comedimiento, otra cosa que aprendimos de nuestros predecesores es que no hay ninguna opinión dispar que una buena hoguera no enderece; quedaremos con Leitzaran para aclararlo (lleva cerillas).

Gracias por la información, Ander; pero sobre todo agradezco que esos datos no salieran antes, porque nos hubiéramos perdido una amena charla.