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viernes, 27 de febrero de 2009

Todo incluido.

Espero a alguien delante de una agencia de viajes. El escaparate no tenía por qué ser de cristal, está totalmente cubierto de ofertas y no se ve un hueco libre. Me fijo en una: "¡Descubra el espíritu de Asturias esta Semana Santa! ¡Todo incluido!".
En los pocos centímetros de papel (es uno de los más pequeños) se agolpan todas las actividades que se pretende realizar: trekking por los Picos de Europa, comida típica en sidrería, paseos a caballo, rafting, descenso en piragua por el Sella, visita al Santurario de Covadonga y a los Lagos...

Bien, muy bien, el que vaya no se aburrirá pero... ¿Todo incluido?

No. En esa oferta no está incluido tirarse en la hierba boca arriba para ver las formas de las nubes, ni tiritar por la brisa fría de la mañana al salir de la tienda de campaña; no incluye conocer a gente y tomarse un tiempo para charlar, o jugar con los niños en el patio del colegio del valle; ni caminar hasta entrada la noche en busca de un pueblo perdido en las montañas. Tampoco incluye tirar piedrecitas al río, coger cerezas salvajes o buscar el rastro de un jabalín (jabalí); ni escuchar, mientras caminas en la niebla, las campanas de una iglesia que no existe o mojarte los pies en un riachuelo que no está en los mapas.

He leído que las agencias de viajes engañan al cien por cien en sus ofertas.

La gente cree que sólo en el precio.

martes, 24 de febrero de 2009

Veinte partos y una sentencia.

Prefiero veinte partos a un dolor de oídos.
(Nieves)

Los otorrinos no se oyen mas que a si mismos.
(Nieves)

viernes, 13 de febrero de 2009

Serapia.

Es el día de San Antón. Recorremos las ermitas de Berástegui y, cercanos al mediodía, llegamos a la de San Sebastián. El coche queda aparcado en una fuerte pendiente y calzo las ruedas con unas piedras. Un fiat pequeño se aproxima por la carretera pero se detiene al pie de la cuesta. De un lado se baja una mujer, del otro un hombre y rebuscan en el maletero. Sacan un par de bolsas y lo que parece, y es, el palo de una escoba. Él vuelve a subir al coche y se va. Ella comienza a subir y llega a nuestra altura.

_Qué, ¿de excursión?- saluda al pasar.

Los niños revolotean alrededor.

_Sí- le contesto-, estamos viendo las ermitas del pueblo.
_Si buscáis la de San Antón está más abajo, junto a la carretera- nos dice.
_Sí, ya la hemos visto - y pienso que hay veces que puedo parecer un borde sin pretenderlo. Vamos a ver la de San Sebastián y luego la de San Lorenzo.
_La de San Sebastián está aquí arriba, yo voy allí, pero no se puede llegar en coche, a la otra sí, por la pista que hay pasando por debajo de la autovía.
_Muchas gracias - y me giro para ocuparme de los niños que están muy cerca del borde (de mí no, de la carretera). Cuando vuelvo a mirar ya se ha perdido de vista y me olvido de ella.

La ermita está en la cumbre, así que no hay pérdida, el único problema es buscar el camino. La loma está dividida en multitud de parcelas separadas por alambre de espino. Terminamos saltando una de ellas, cubriendo los pinchos con pañuelos. La puerta está abierta. Dudo un momento, pero me asomo. La mujer está dentro.

_¿Podemos pasar?- pregunto prudente desde la puerta. (Me molesta la gente que pregunta eso mismo mientras lo hace; primero se pregunta y luego se entra.)
_Pasad, pasad, estoy limpiando- nos dice desde el altar.

Entramos todos. Me acerco.

No recuerdo cómo empezamos a hablar pero la conversación surge. Está limpiando la ermita para el día de San Sebastián (2o de enero). Le pregunto por la celebración, si hay romería, fiestas,...

_No, no, sólo la misa. Subimos de Berástegui, pero si hace malo se suspende.

Pienso en todo el trabajo que se está tomando. Limpia la imagen, el altar, los bancos, barre todo el suelo... y la ermita no es pequeña.
Hago un comentario, quizás algo ingenuo, sobre hacerlo ella sola; que vaya faena si justo llueve ese día...; que la tele anuncia malo...

_Llevo dieciocho años limpiando la ermita- continúa. Antes también limpiaba la de San Lorenzo pero le dije al cura que buscara a alguien. Lo dijo en misa y ahora lo hacen entre cuatro del pueblo.

Calla por un instante pero no digo nada, el tono que ha empleado me desconcierta un poco.

_Es que- continúa- la de San Lorenzo está muy lejos y a mi marido no le va mucho esto. Me deja en la carretera, ahí abajo y luego viene a buscarme. No le gustó nunca el monte, siempre ha trabajado en el taller y luego se va a casa.

Esta ermita está relativamente cerca de la carretera pero la otra está lejos para ir andando, sobre todo con dos bolsas de enseres de limpieza y una escoba. La imagen sería cuando menos curiosa, montañeros con botas, bastones y mochila cruzándose con una señora de cincuenta años pasados, con alpargatas y bolsas del super.

Coge la imagen tumbada en el altar y la pone en una mesa antes de que pueda ayudarla. Tampoco parece hacerle falta pero quedo al tanto para la próxima. Quita unos papeles que protegen la piedra y continúa limpiando.


_Son los mochuelos que lo cagan todo. Ahora han cerrado las entradas, pero aun así... Luego pongo un mantel mío que traigo de casa.

Miro las vigas donde chorrean los susodichos; marca característica de los lugares abandonados.
Termina de pasar el paño y agarra la figura. Esta vez estoy al quite y me adelanto. La cojo. ¡Caray con la señora, lo que pesa la figurita! Meto riñones y la pongo de pie bajo la cruz.

_¿Aquí?- digo, y mi pregunta es un ruego.
_Sí, ahí está bien, pero hay que calzarla para que no se caiga.

Con un par de lascas apañamos al santo.

_¿Sólo se abre la ermita el veinte de enero?
_No, también vengo para el veinte de agosto. También hay fiesta.

(Nota mental para otro momento).

_La estatua está muy bien conservada - comento.
_Es que es nueva, la otra se la llevaron unos gamberros. ¡Pero si no era antigua ni nada! Los bancos de aquí tampoco son nuevos.

Me extraña el comentario, por obvio de lo gastados que están, pero callo.

_Los que había - aclara- estaban todos rotos, pero han arreglado la capilla que tiene el cura en el pueblo y le han puesto bancos nuevos. Los viejos para ésta.

Intento ver un reproche en su comentario pero no lo hay, aunque quizás alguien lo mereciera. No seré yo quien meta las narices donde no me llaman.
Estoy sólo con Mònica, los demás se han ido, quizás hace tiempo. Es momento de marcharnos. Sin embargo queda algo muy importante.

_Bueno, nosotros nos vamos. Encantados de haberla conocido. ¿Cómo se llama usted?
_¡Serapia!

Le cambia el rostro, deja la escoba y nos mira.

_Yo soy de Leitza. Allí era la única Serapia y cuando me casé y vine aquí, también era la única del pueblo.

Lo cuenta con alegría, con un pequeño recuerdo a su juventud. Le comento que las fiestas de Semana Grande en Donosti coinciden con las de su pueblo.

_¡San Tiburcio!- exclama. Pero ya no me gustan las fiestas, todo es por la noche. Ya no hay nada para divertirse.

La alegría se apaga y continúa barriendo, hacia la puerta. Es la señal, nos vamos.

_Agur, Eskerrik asko, quizás el año que viene nos volvamos a ver.
_Si, pero no creo que me acuerde, soy muy mala para estas cosas.
_No se preocupe, nosotros nos acordaremos de usted, descuide.

Y nos vamos con un regalo bajo el brazo. Serapia.

domingo, 8 de febrero de 2009

¡Viva la monarquía! ¡Viva la reina!

Dos noches hay al año en las que Donosti se vuelve monárquica. La conocida noche de Reyes (5-6 de enero) y la del primer sábado de febrero, Caldereros.

Ayer puede acercarme a la Consti y disfruté del discurso que la reina de este año brindó a toda la ciudad. Mal tiempo, poca gente, algunas fotos y una sonrisa, buen bagaje para una noche de sábado.


¡Ah! Y el domador con su oso, mirándose a los ojos y hablando sin palabras.


PD: Los caldereros vienen de la Hungría.(un clic para cantar, bailar, gozar ... chás, chás)
PD2: Y otro clic a la foto de la reina para contemplar su serena belleza (y aún dicen que los donostiarras somos sosos...)

viernes, 6 de febrero de 2009

El intercambio.

Su rodilla izquierda, con el ligamento cruzado dañado, y mi tobillo derecho, inflamado de subir y bajar escaleras, nos daban poca autonomía, así que quedamos en un bar cercano. Íbamos a hablar de Astronomía, de rotaciones y traslaciones, de las estaciones del año, de luz y oscuridad. Su llamada del día anterior me había desconcertado un poco, pero ahí estábamos, dispuestos a debatir ideas y refutar las enseñanzas de cierto profesor. Yo le había pedido que trajera alguna foto de sus viajes y así lo había hecho.

Empezamos con las estaciones del año. En verano, la luz del Sol incide sobre nosotros de una forma más directa que en invierno, en el hemisferio norte, razón por la cual hace más calor; sin embargo estamos más lejos del Sol, en el extremo más distante de esa elipse que realiza nuestro planeta en su movimiento anual. La inclinación del eje de la Tierra es la causante directa y una consecuencia de ello es la diferente duración del día y de la noche a lo largo del año.

Me hizo otra pregunta. Una pregunta para la que ya tenía respuesta pero de la que, como muchas veces sucede, alguien aparentemente más enterado del tema le había hecho dudar.

_A partir del veintiuno de marzo, cuanto más al norte vamos, más dura el día.¿verdad?- me dijo.
_Sí, claro, es el equinoccio de primavera. Y a partir de una latitud, hay por lo menos un día al año en el que no hay noche, el sol no se pone.

Abrió su carpeta y me enseñó una foto suya en NordKapp. Siguió hurgando y sacó una postal con el Sol de medianoche.

_Es impresionante- me dijo. El Sol empieza a bajar y, en lugar de ponerse, viaja paralelo al horizonte y vuelve a subir.

Yo le miraba con envidia sana. Sabía todo sobre el movimiento del planeta, de ángulos y distancias, pero nunca había visto ese fenómeno. Sin embargo, él lo describía con unas palabras y una emoción que, en cierta manera, me hacían sentir haber estado allí. Yo lo había estudiado pero él, lo había vivido.

Continuamos charlando, de los trópicos, de los círculos polares, y de las diferentes formas en las que la Luna y el Sol caminan por el cielo en esas latitudes. Un efecto muy curioso es que, en el ecuador, nuestra estrella sale verticalmente y sube y sube y sube, hasta llegar al cénit. Así, hay unos días al año en los que los cuerpos no proyectan sombra.

Él ya lo sabía. De hecho acababa de venir de un viaje por Ecuador y ese detalle ya le había llamado la atención; también que amanecía y anochecía muy rápido, consecuencia de dicha trayectoria.

Al cabo de un rato, las teorías de aquel profesor enteradillo habían quedado doblemente enterradas. Por un lado, con mis explicaciones teóricas y, por otro, con la experiencia vivida en primera persona atesorada en sus ojos. Una última pregunta sobre la forma en la que la luna salía y se ponía en Marruecos, terminó por sellar la unión entre la ciencia y la experiencia.

La charla no duró mucho, apenas hora y media, pero al salir del bar, con mis libros y sus viajes, a pesar de su rodilla y mi tobillo, ya no estábamos tan cojos.

PD: No los mencionamos, pero Kepler, Galileo y Copérnico, hubieran estado orgullosos. Personalmente considero, cuando menos, una indecencia el enseñar mal en las escuelas estos asuntos. Ahora los tratamos como temas menores; sin embargo, no hace tanto, la sociedad en la que vivimos empezó a cambiar precisamente cuando alguien miró al cielo y empezó a hacerse ciertas preguntas.

martes, 3 de febrero de 2009

Sinceridad.

La noticia trascendía recientemente en todos los medios de comunicación. El Diario Vasco-Navarro, El Recadero Español, el A VeCes, el Paíssss, el Mundo Mundial, todos se hacían eco de la noticia:
"Un adolescente español, el primero que pulsa la tecla "Soy menor de edad", al entrar en una página web restringida para adultos".

No hay fotos del menor, únicamente conocemos sus iniciales y la entrevista ha sido imposible, dado el celo que se ha tenido en conservar la identidad del mismo; pero fuentes, a saber si bien informadas, declaran que posiblemente quizás pueda ser el mismo adolescente que hace dos años interpuso una denuncia contra un bar de Sevilla cuando le sirvieron una manzanilla, en lugar de la infusión que había solicitado, durante la feria de Abril.

El portavoz del Ministerio, confirma que está en marcha la creación de un premio para promover tan altos ideales entre nuestra juventud. Así, el premio S.J.B. para la sinceridad juvenil en el proceso de transferencia de datos en internet, se dotará de una partida inicial de doscientos mil euros, que serán canjeables en diversas páginas web que colaboran en la iniciativa. Así PlayBoy, RentaCar, Buy-a-Gun, SNIF&FLY, etc, pondrán a disposición del agraciado todo su catálogo en la red.

Nota final: En el pefil que en Facebook y Tuenti, identifica al muchacho, éste declara que inicialmente se equivocó al pulsar la tecla, pero que el dinero le vendrá muy bien, como en el asunto de Sevilla donde se sacó una pasta.