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miércoles, 21 de enero de 2009

Reuma informático (Versión 2).

Dieciseis de enero, viernes, seis de la tarde.
Enciendo el ordenador con la conexión a internet abierta. Algo raro pasa, algunas cosas no funcionan. ¡Virus!

Apago el ordenador y enciendo el ultraportátil . Ligero, pequeño, regalo del Olentzero, lo uso para navegar por internet y no lo empleo para asuntos peligrosos (léase abrir archivos sospechosos, descargas, etc).

¿Qué? ¡Pasa exactamente lo mismo! También lo apago.
Empiezo a pensar en el HP (no confundir con Hewlett Packard), que se encarga de hacer los dichosos virus y propagarlos por la red. Si lo tuviera delante... o mejor, si estuviera debajo de mi balcón cuando mi vecino suba su piano de cola...

Diecisiete de enero, sábado, diez y cuarto de la mañana.

Acudo a mi tienda de confianza, la del barrio, la de siempre. Le explico sucintamente el problema a Javi (buen fotógrafo por cierto).
_Uyuyuyyyy, que eso es del Panda antivirus- me dice con una mueca.
_¿Cómo del Panda? Te confundes, el Panda es el antivirus, no el virus- le aclaro.
_Que no, verás- continúa- en la última actualización de los de PANDA, el programa considera un archivo esencial del ordenador como peligroso y lo borra.

La ira me ciega y me voy de la tienda dando un portazo, que el muelle de la puerta detiene y convierte en nada. Javi sale de la tienda gritando una solución, pero no le hago caso y me voy a casa dispuesto a solucionar el asunto a mi modo.

Diecinueve de enero, lunes, diez menos diez de la mañana.


Llego a casa y conecto los ordenadores a internet.
Llamo al número de atención al cliente de PANDA.
Suena.
Suena.
Suena.
Me coge un contestador inteligente y me va dando instrucciones para ir a la sección adecuada. Tras media hora de pulsar teclas y responder preguntas, lo dejo y me voy a comer.

Diecinueve de enero, lunes, seis menos cinco de la tarde.


Lo intento de nuevo.
Imposible hablar con nadie. No puedo más y grito un improperio indecente, combinación aleatoria de palabras y gruñidos.
El improperio resulta ser una clave secreta para acceder a los archivos ocultos de la empresa.
Tengo plenos poderes y decido decir la palabra mágica :

"FORMATÓL" (Format all, formatear todo)

Diecinueve de enero, lunes, siete menos cuarto de la tarde.
Todos los archivos de PANDA se borran. El ministerio de Defensa queda desprotegido pero no recibe ningún ataque de los Crackers. Sin embargo, las páginas de pago de dudoso contenido son objeto del asalto incotrolado de cientos de quinceañeros salidos y colapsan la red.

Diecinueve de enero, lunes, diez de la noche.
Los servicios secretos americanos, avisados de una saturación inusual de la red en el Oriente Próximo toman cartas en el asunto y ponen en alerta a sus caza-bombarderos nucleares.

Diecinueve de enero, lunes, diez y media de la noche.
El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, intenta comunicarse con los líderes europeos a través de un teléfono móvil (que resulta ser de juguete) pero no lo consigue (obviamente). Considera que Europa ha caido y oprime el botón rojo, lanzando un ataque nuclear contra los activistas musulmanes. Casi toda la península ibérica es borrada del mapa.

Diecinueve de enero, lunes, doce menos cinco de la noche.
Los socios de Gaztelubide salen a la calle dispuestos a comenzar la tamborrada de San Sebastián con la izada de la bandera.

Veinte de enero, martes, una de la madrugada.
Una horda de PANDAS mutantes intenta reventar la fiesta. Uno de ellos le roba el sombrero al tambor mayor quien suelta un "Cagonsós" y un generoso regüeldo que hace huir a los engendros.

Veinte de enero, martes, dos de la madrugada.
Los rusos interpretan la explosión nuclear como un ajuste de cuentas en el que no pretenden inmiscuirse, pero sus sistemas detectan el regüeldo y lo reconocen como un ataque químico. Comienza la tercera guerra mundial.

Veinte de enero, martes, dos y media de la madrugada.
Termina la tercera guerra mundial. Ante tal avalancha de radiación, el planeta colapsa y se destruye. La blogosfera sigue su curso ajena al mundo exterior.

Veinte de enero, martes, dos y treinta y ocho de la madrugada.
El Sol advierte la desaparición de la Tierra y se apaga. Comienza una reacción en cadena en las galaxias cercanas.

Veinte de enero, martes, tres de la madrugada.
El Universo, tal y como lo conocemos, deja de existir. La blogosfera se postula como Mundo Real.

Nieves se acerca y me dice : "Ale, mira lo que pasa por no controlar ese genio".

Y nos tomamos un café (virtual).

PD: Dedicado a Xabier ;-)

Aclaración: Ante el aluvión de llamadas al respecto de esta entrada, aclarar que es todo pura ficción y que nunca se me ocurriría dar un portazo.

4 comentarios:

IMANOL dijo...

Me tenías engañado, porqué es creíble que el Panda antivirus te haga eso y mucho más, pero he notado que era ficción por el dato incorrecto de que los de la Gaztelubide salimos a menos cinco. Salimos a menos cuarto!

eresfea dijo...

El portazo abrió la puerta a la ficción... Qué ritmo.

leitzaran dijo...

¡Y todo por un portazo! Menos mal que hay final feliz (virtual). Muy logrado el género literario.

Es lo que tienen los virus: no sirven los antibióticos. Una cosa está clara en el caso de Panda. El sistema de inmunidad detecta el propio cuerpo como extraño, y lo destruye.

Gracias por la dedicatoria, Sergio. A mandar.

Sergio dijo...

Es verdad Imanol, un cuarto de hora para doscientos metros; velocidad media de crucero el día de San Sebastian.

Realmente se merecían un portazo en todo el hocico (del Panda).