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viernes, 2 de enero de 2009

Txotxongilos 2.0.

El pasado lunes asistimos, junto a Pedro y Aitor, a la nueva ola de marionetas (txotxongilos).



Atrás quedaron las cabezas talladas y los cuerpos de trapo, el escenario de madera y los decorados pintados a mano, la koxkera plaza de la Trinidad con sus sillas de madera y los niños sentados en el suelo. Ahora, con una escenografía perfecta de luz y sonido, en cómodas y mullidas sillas, y en todo un salón de plenos del ayuntamiento de San Sebastián, el espíritu de los txotxongilos se enfrentaba a las odiosas comparaciones... y ganó.



Claro que ya no es pulgarcito el abandonado en el bosque por sus padres porque no lo pueden alimentar, sino Rosita Erostarbe quien, debido al desprecio a todos los caprichos que sus progenitores le dan y que no le parecen suficientes, queda desamparada en un gran almacén; no es la bruja malvada sino el Rey del Consumismo quien quiere engañarla; pero se conserva el salvador si no en forma de príncipe o leñador, sí como amigo que viene en su ayuda.


Que la sala estuviera casi vacía y que los niños no superaran los siete años es un hecho sobre el que no hay discusión, hay cosas con más tirón. Sin embargo, las miradas atentas de los pequeños, incluído Aimar con sus dos añitos y medio, las caras de susto ante el malo y las risas y saltos cuando el bueno aparece son las mismas de siempre. Por siempre.


(el malo daba miedo a niños y mayores)

PD Todo el peso de la obra lo llevaron dos personas, un chico que se encargaba de las luces y música, y una chica que se disfrazaba, modulaba las voces de los personajes y manipulaba las marionetas. No pregunté su nombre pero les estoy muy agradecido.

1 comentario:

iK dijo...

Mi Aimar también estuvo con sus hermanas; en realidad han asistido a todas las representaciones desde al domingo hasta el martes (y el miércoles, la peli de Kutxa). Hay que aprovechar los servicios públicos...