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miércoles, 31 de diciembre de 2008

El guía.

Esa mañana todos los componentes de la expedición madrugaron. Habían tenido una noche revuelta pensando en la ruta del día siguiente. La cueva del pirata Garrapata prometía grandes tesoros y aventuras, y eso era demasiada excitación para los expedicionarios más jóvenes.

En el lugar y momento acordados, se encontraron con el guía. Un individuo alto y de rostro amable cuyos méritos llenarían entradas y entradas de un blog. Se introdujo ágilmente en el vehículo y fue indicando la dirección a seguir por el vericueto de cruces y caminos. Sin mayores problemas llegaron al lugar elegido, se calzaron las botas y se internaron en el bosque.

Pronto divisaron la zona de las cuevas. Varias se abrían al otro lado del río, incitando a su exploración, pero no eran mas que trampas sin salida que el guía desdeñó con un gesto.

_Sigamos adelante - dijo. Quizás en otro momento.


Cruzando un puente sobre el arroyo treparon ansiosos hasta la entrada elegida. Tenían tres linternas y tres fueron los que entraron. Los otros dos expedicionarios se quedaron al cargo de las provisiones y de dar aviso a las autoridades si tardaban mucho en volver.


Las frontales a toda potencia iluminaban las oquedades y el guía caminaba por aquel laberinto como si lo conociera de toda la vida.

Encontraron rastros de murciélagos en el suelo y piedras donde los osos se rascaban la espalda pero lo que no se esperaban era la aparición entre la penumbra del oro mágico.

(un clic para ver el oro en toda su dimensión)

Era un oro que, en cuanto se intentaba coger, desaparecía entre las manos y que, dedujeron, era un rastro que el pirata Garrapata había dejado para indicar el verdadero tesoro.

Aunque se afanaron en ello no hallaron nada más, salvo quizás la guarida de un oso que no estaba allí en ese momento, así que respiraron aliviados; por un lado por la ausencia del animal y por otro porque evitaban cargar con cofres y cofres de oro que les habrían destrozado la espalda. Nadie dijo que transportar un tesoro fuera cómodo.

En un último intento, entraron por una pequeña cueva que se adivinaba en un lateral pero no encontraron mas que la inscripción de un antiguo habitante de aquellas simas.



Con cierto nerviosismo por la posible falta de luz si se acababan las baterías, alcanzaron la salida y respiraron el aire limpio del monte. Volvieron al sendero y se sentaron a descansar en un claro del bosque.


_Mis dominios - aseveró el guía.

Y nadie dudó de su afirmación.

PD: Gracias Josean.

6 comentarios:

leitzaran dijo...

Enhorabuena por el acierto al elegir el guía. Veo que aún queda algo de esas preciosas cuevas.

Urte berri on

IMANOL dijo...

Muy cerca teneís la excusa de la próxima excursión, el monte más alto de San Sebastián: el Urdaburu. Fácil y suave ascensión.

Sergio dijo...

Bueno siempre queda la ilusión.

Urgull, Ulía, en el futuro Urdaburu, este año seremos imparables.

eresfea dijo...

¡Hasta el infinito y más allá!
El agradecido soy yo.

mòmo dijo...

Urgull, Ulía, Urdaburu, el pirata Garrapata... ¡Qué ganas de regresar!

Sergio dijo...

Siempre nos quedará Jaizkibel...