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domingo, 2 de noviembre de 2008

Mal día.

No suena el despertador pero me despierto a las 6:30, como siempre.
Antes de abrir los ojos, inhalo un olor dulce. Es Asier, que se ha colado por la noche. Noto también una presión en la espalda. Es Aimar, el otro visitante nocturno, que me empuja con su pie. Me giro y veo, a lo lejos, difuminado por mi miopía, el acompasado movimiento de una figura. Es Nieves que, al borde de la cama, guarda un precario equilibrio.

Fuera, oigo llover; todavía no ha salido el sol o, al menos, así lo parece, y el viento ruge entre las ramas; lo que en la tele llaman un mal día. Me levanto y miro lo que dejo en la cama. Voy a la cocina y me asomo a la ventana; nadie.
Dejo el café preparándose y vuelvo.


Debajo de las mantas, junto a mi multitud, hace un buen día.

6 comentarios:

maria jesus dijo...

Espero que tuvieras un buen día, a pesar del tiempo

Sergio dijo...

Despertarse cubierto de besos de diferentes sonoridades, texturas y humedades hacen que, cuando se trata de definir el día, el tiempo importe un bledo.

(Hola Maria Jesús, ¡cuánto tiempo!)

Ander Izagirre dijo...

Muy bueno.

Iñaki Munain dijo...

Muy bueno, muy bueno, y lo mejor es que me suena. Yo también tengo a tres que nos asaltan por la noche y por la mañana. Normalmente es una gozada.

Sergio dijo...

Gracias, Ander, ya te tocará, ya.
Iñaki, atesora esos momentos, porque no se volverán a repetir.

eresfea dijo...

Un mundo en orden.