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jueves, 23 de octubre de 2008

Mò y su gentil princesita.

Estreno nuevo acceso directo desde mi paseo matutino hacia el blog de Mònica y Joana. Un quiosco de malaquita donde la segunda dicta y la primera escribe, historias familiares, aventuras de descubrimiento, escenas de educación mutua y alguna que otra reseña gastronómica.

En lugar de una fotografía, ilustra la entrada un cuento de Rubén Darío para una Margarita (y una Joana).

A Margarita Debayle

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: -"¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
-"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."

Y el rey clama: -"¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: -"No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
-"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: -"En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

***

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

1 comentario:

mòmo dijo...

Encantadas de recibirte en nuestro quiosco, Sergio. El abuelo de Joana le regaló este cuento cuando tenía un año (ella, no él), y lo recitaba entero. Claro que sólo lo entendías con el guión en la mano. Pero lo recitaba.