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jueves, 14 de agosto de 2008

Panda, patadas y palomitas.

Tras la primera película de cine con Asier, con Indiana Jones (y su dudosa calificación de Para todos los públicos), el pasado jueves fuimos a una auténtica sesión infantil, no tanto por la película en sí (Kung-fu Panda gusta a pequeños y mayores por igual), sino por todo lo que la rodeó.

Veinte minutos antes seis de la tarde, nos dirigimos a los cines de La Bretxa. Lloviznaba, así que ya me temía lo que nos íbamos a encontrar; una larguísima cola para coger las entradas se extendía hasta la puerta y otra, más larga aún, nos esperaba para entrar.

Lejos de los malos modos y caras largas habituales en estas situaciones en caso de adultos, todo eran risas y bromas entre los niños. Asier, visiblemente nervioso, no paraba de hablar de la mantis y del panda, del panda y de la mantis y, cuando entramos, la bolsa de chuches y el paquete de palomitas (tamaño abrazo) unieron a padre e hijo en una de las experiencias más bellas de la vida, compartir afición y alimento.


P.D. : Afición y alimento, cine y palomitas, monte y bocadillo, qué paralelismo más curioso entre el séptimo arte y la montaña...
PD2 Queda pendiente otra de un robot del espacio, Wall-e, pero eso será otro día, y serán otros chuches y palomitas. También serán otros montes.
PD3 El tamaño abrazo en las palomitas es el del paquete que no se puede coger con una mano, sino que hay que rodearlo con el brazo para poderlo llevar (y tengo la mano grande, las dos).

2 comentarios:

Ander Izagirre dijo...

Ayer fui a ver Wall-E a los cines de Rentería. Más bien me llevó mi novia. Yo era el más viejo sin hijos de toda la sala. Descubrí una ventaja de estas sesiones: me puse morado de palomitas sin comprarlas. Cuando ya se había marchado toda la chavalería, en la sala quedaron enormes tanques de palomitas abandonados al 85% de su capacidad. Crunch, crunch, ñam, ñam.

Sergio dijo...

Me congratulo de tu espíritu ecologista, acogiendo en tu regazo palomitas abandonadas. Crunch.
PD :Aimar no va todavía al cine, pero da buena cuenta de nuestros restos. Ñam.