www.flickr.com

sábado, 30 de agosto de 2008

¡Al gabarrón!

Al grito de ¡Al gabarrón!, un puñado de adolescentes de rostro paellero, se adentra en el agua, corriendo y salpicando; un rito iniciático que lleva décadas realizándose en Donosti.


Una de las maneras más sanas que los donostiarras tenemos de demostrar que estamos en forma es ir al gabarrón, una pequeña plataforma, fondeada en la bahía, con trampolín y txirristra (tobogán) para lanzarse al agua. Es un ejercicio muy ameno aunque con ciertas dosis de peligro, ya que la profundidad donde está anclado es de unos cuatro metros y, durante parte de la aproximación, no se toca fondo.

Ir al gabarrón no demuestra per se, valor y destreza; el asunto tiene su truco. La diferencia de mareas y el perfil de la playa, hacen que entre la pleamar y la bajamar, la distancia que haya que nadar se multiplique por siete; así, lo que en su momento más próximo no lleva más de cuatro o cinco minutos de braza sosegada, se convierte en su punto álgido, en quince o veinte de chapoteo agónico entre olas y corrientes.

Y luego hay que volver.

Compartimos exhibición, tres generaciones. Los jóvenes, procurando que se entere toda la playa, sobre todo las vecinitas de toalla (miradas y risitas); los "mayores", procurando que se enteren sus compañeros de mus, "Ayer di un paseo por la playa, y al volver, nadé hasta el gabarrón. ¡Ordago a grande!" (miradas y risotadas); y los padres con nuestros hijos, procurando que la madre se entere y de su permiso (miradme y reíd).

Nos une asimismo el deseo del anonimato selectivo, los adolescentes, con sus progenitores; los "mayores", con sus médicos; y los padres de la criatura, con sus abuelos. En caso contrario, la misma frase elimina toda épica del reto conseguido, "¿Pero, cómo se te ocurre, tuestasloco?" (con miradas pero sin risas).



Todos los años me gusta ir en ambos casos, con marea baja y marea alta. Hace poco ya hice el recorrido largo y el sábado, que coincidió la marea muy baja, me propuse hacerlo con Asier.

_Asier, ¿quieres ir conmigo al gabarrón? - digo, esperando una afirmación.
_¡Vale! - responde al instante -, pero con el pirautxo (la barquita hinchable).

(Antes de que continuéis leyendo angustiados, os diré que Asier ya sabe nadar, con sus manguitos, y que se desliza por el agua como cualquier cachorro de mamífero, cabeza fuera y movimiento acompasado de las cuatro extremidades.)

Así pues, cojo la cuerda, perdón, el cabo frontal de la embarcación y voy arrastrándola mar adentro. Según vamos acercándonos, me doy cuenta de que tenía que haber desarrollado más el tema.

_Aita, yo me tiro del trampolín, ¿vale? - me suelta de pronto.
_Esto..., mejor que no, hijo - respondo - que te puedes resbalar y caer mal.
_Vale, ¿pues me lanzo por la txirristra y me coges? - continúa.
_Me parece algo peligroso - le digo - la escalera resbala un poco y se va a mucha velocidad.

(También recuerdo que va sin bañador, cual ciclista francés por Donostia, y puede dejarse el culo al deslizar; quizás no haya sido tan buena idea venir.)

_Bueno, pues me tiro del borde y ya está - sentencia.
_Vale - acepto.

Estamos a punto de llegar. Han sido cinco minutos y hay cola para subir. Se sujeta a las escaleras y un hombre le ayuda, amable. Tras él, voy yo, y nos sentamos felices al sol.

¡Vaya! Con esto no había contado, la brisa se lleva la barca de vuelta a la orilla. Hablo con Asier y se queda en mitad de la plataforma, serio y formal. Me lanzo al agua y la traigo de vuelta, amarrándola a una argolla con un nudo marinero.

Subo y Asier se pone de pie.

_Ahora el chapuzón ¿verdad? - habla con cara risueña.

De pronto me viene a la mente, el bacatazo de mi hermano mayor hace unos años. Los bordes del gabarrón están grasientos de las cremas solares y si te lanzas con poco cuidado, el último impulso se convierte en un resbalón de graciosas consecuencias. Bueno, graciosas en el caso de un adulto, que además sea tu hermano y que encima haya estado jactándose de su perfección en el salto de cabeza.

No me queda otra que decir :

_Mira, mejor te bajo al pirautxo y de allí te tiras, pero cuando lleguemos a la orilla.
_A la orilla no, que me hago daño - replica.
_No, en la orilla no, donde cubra mucho - rectifico.
(Parece que las charlas sobre tirarse de cabeza donde no cubre han hecho su efecto, por lo menos por ahora.)

Le dejo en la Zodiac (modelo "Winnie The Poo"), y terminamos la travesía.

Epílogo:

Cuando llegamos "donde cubre", se tiró todas las veces que quiso.

PD Toda la aventura fue realizada bajo el visto bueno de la madre del menor, que comprobó el correcto inflado de la nave, de los manguitos salvavidas y supervisó su habilidad natatoria , así como su capacidad para "hacerse el muerto" y flotar sin esfuerzo.

PD2 Gabarrones actualmente hay tres, pero seguimos diciendo "¡Vamos al gabarrón!", los que vimos colocar el primero, y único durante mucho tiempo.

PD3 La foto es por la tarde, en pleamar y con una galerna próxima; no penséis que somos unos locos.

PD4 Definitivamente, fue un GRAN día de playa.

9 comentarios:

eresfea dijo...

Pero, pero, pero... ¿Cómo no lanzaste tú mismo a tu hijo desde el gabarrón? Déjate de bordes resbalosos, trampolines o toboganes. Lo lanzas por los aires y ya está.
(Lo malo es que les gusta...).

Sergio dijo...

Pues la verdad, no se me había ocurrido ... ¡y todavía queda verano!

(Nieves, si lees esto, estamos bromeando, estamos bromeando,...)

eresfea dijo...

¿Te imaginas? Vuelo sin motor y natación al mismo tiempo...

(Tranquila, Nieves. Je, je...)

lapike dijo...

pobre, que fustracion, ni tobogan, ni trampolin, ni borde de gabarron....para eso hemos venido....y mira que tu, dejarlo solo en mitad del gabarron....y si llegas y te lo encuentras subido a la ultima escalera del trampolin ¿que?¿que?que?.....ponle bañador al chaval para que se tire agusto por el tobogan, joe!!!!

Sergio dijo...

¿Frustración? ¿Asier? ¡Jamás! Este chaval no acepta un no por respuesta sin pelearlo; si le decimos que no a algo, intenta conseguir otra cosa alternativa. Es un negociador nato, si me pide que le cuente cinco cuentos y yo le digo que uno, regateará hasta conseguir dos; si no puede ver unos dibujos en la tele porque es tarde, me pide que se los grabe.
"¿Hacemos un trato?" es su frase favorita, es más, en el "Nuevo diccionario ilustrado", junto a la palabra "negociador" aparece una fotografía suya.

mòmo dijo...

Oye, Sergio, si te dejo un par de días a Joana, ¿podrías quitarle el terror que de repente le ha cogido al mar? El verano pasado chapoteaba como un pato, pero este año ni se acerca. He intentado el sistema de Eresfea (más o menos), pero sus chillidos desgarradores y -sobre todo- las miradas acusadoras de un ejército de veraneantes colorados me intimidaron y la saqué. Ayer conseguí que se sentara conmigo en la orilla y que permitiera a las olas rozarle los pies.

Sergio dijo...

Bueno mòmo, el método de Eresfea es eficaz. Sólo gritan hasta que, terminado el vuelo, introducen la cabeza en el agua.
Te explico mi sistema pero ten en cuenta que lo tienes que realizar tú y sólo tú. Mi sobrino, que tiene la misma edad que Asier pero vive en Oviedo (interior), le tiene pánico al mar, que no al agua (piscina). El año pasado, ya lo tenía medio convencido y empezaron a aparecer familiares animando al chaval y... se acabó.
Dicho esto, continúo. Mejor lo hago por puntos :
1._ Necesitas tiempo, de cuatro días en adelante.
2._ Lo de Joana es habitual. Aimar se zambullía como un poseso el año pasado y este año empezó con miedo.
3._ Si tiene cerca niños de edad similar es más fácil (véase Asier), pero es importante no compararle con ellos, ni que esos niños, a su vez, estén también cagados de miedo.
4._ Lo haces bien, se empieza poco a poco en la orilla. Prueba a cavar un pozo y hacer una piscina, pero que cuando vengan las olas se meta agua. Si veraneas en el mediterráneo, te será difícil porque la marea no sube, pero inténtalo.
5._ Invéntate un cuento, vamos miéntele y dile que hay cierta zona de la playa reservada para niños donde no hay ningún problema para bañarse y siempre se toca fondo ... bueno, cuentos ya sabes inventarte.
6._ Pasarán tres días, al cuarto, según lo veas, puedes meterte con ella un par de metros o que se te coja al cuello y meterte en el agua.
7._A partir de aquí ya no tuve ningún problema.

Mantennos informados y suerte.

mòmo dijo...

Gracias, Sergio, lo probaré. Jeje, como buen nadador cantábrico, no has podido resistir la crítica al mediterráneo, ¿eh? La marea no sube, pero hay oleaje y se pueden cavar pozos/piscinas en la orilla.

Sergio dijo...

Vaya, se me ha visto el plumero, pero tengo una excusa para mi crítica-trauma.
De pequeño, la primera vez que fui al mediterráneo fue a la Costa Brava. Llegados a la playa, mi hermano mayor y yo, comenzamos a construir un "fuerte", que consiste en levantar un muro de arena de forma circular cerca de la orilla. El juego es muy habitual por aquí; la idea consiste en esperar que la marea suba y termines rodeado de agua pero dentro de tu fortaleza; los muros van cediendo al envite de las olas, hay que reforzarlos con arena seca,...
Bueno, creo que ya sabes el resultado, nos fuimos de la playa defraudados, sin saber realmente qué pasaba.

Al día siguiente, el "fuerte" todavía seguía en pie.