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martes, 17 de junio de 2008

Katiuskas.

Aprovecho la lectura, a ratos sosegada, las más veces voraz, del blog de eresfea, para rescatar desde una entrada suya, un recuerdo, las botas katiuskas.

En mi infancia yo fui un niño "atormentado" por la carencia de dichas botas.

"Deforman los pies", "Tanta goma no tiene que ser nada bueno", eran frases que oía cada otoño cuando llegaba la época de comprar las botas de esa temporada e intentaba "vender" a mi madre la idoneidad de las katiuskas.

"No calan nada...", contestaba yo, bajando la mirada; a eso se resumía mi alegato; la verdad es que nunca fui para abogado.
Nada referente a que todos los niños las tenían, a que quería meterme en los charcos hasta que el agua me llegara al borde, sólo ese ingenuo "no calan nada", que un "pues no te metas en los charcos", derrumbaba instantáneamente.

En una época en la que la opinión infantil no contaba ante los ojos de los adultos, pero con la misma tenacidad de siempre, esperaba al año siguiente para plantear la misma elección.
Pero en el tiempo de crecimiento, en el que cada año se usaban y destrozaban un único par de zapatos, quedando inservibles para la temporada siguiente por uso y talla, no se podía hacer más.

Y llegó el día en que las katiuskas llegaron a mis pies. Fue el primer año en el que no me crecieron tanto y me sirvieron las botas del año anterior. Entonces recurrí a todas mis dotes de persuasión para conseguirlas, asegurando que únicamente las emplearía en caso de lluvia intensa.

Pero me llegaron tarde. Ni mi edad era ya para ir pisando charcos, ni todos los compañeros de mi clase las llevaban, ni los otoños eran tan lluviosos.
Las llevé todo lo que pude, las cuidé con mimo y alargué su vida todo lo que me fue posible.
Pero el tiempo a todos nos pone en su lugar y un día mi pie no cupo dentro.

Nunca volví a tener katiuskas.


En la foto de familia se ve que vuelvo a ser un bicho raro.

7 comentarios:

IMANOL dijo...

A mí la katiuskas me recuerdan al EGB en Mundaiz, mira tú, cuándo salíamos las tardes lluviosas de invierno y nos encontrabamos un Parque Mª Cristina convertido en manglar, y jugabamos a desplazarnos a través de él. También me recuerdan al chiste de la enana con katiuskas...

eresfea dijo...

Mejor no cuentes el chiste, Imanol.

Sergio dijo...

El chiste no lo conozco, o quizás sí y lo quise olvidar. (ejem, ¿Me lo mandas a mi correo?).
Respecto a las zonas katiuskables , tras el parque, estaban el camino de mundaiz, con un pequeño canal libre en toda la carretera y las bases de los árboles, generalmente sin protección y con la lujuriosa duda de su profundidad.

maria jesus dijo...

!Pobre!realmente se pasaba bien navegando por los charcos profundos y haciendo olas, pero cuando te las quitabas no había quien parara a tu lado, eso tambien

Anónimo dijo...

Aqui su hermana hace el comentario; yo si las tuve, amarillas, maravillosas, aproximadamente en septimo de basica, las adoraba, me metia en todos los charcos que queria y no calaban, eso si, como saltaras un poco mas fuerte, ¿sabeis hasta donde se metia el agua, verdad? si,si por dentro del uniforme; tambien hay que decir que soy la unica chica de cuatro hermanos (un poco mas mimada si cabe) y la unica que tiene "juanetes", sera por la katiuskas.....??????

leitzaran dijo...

A mis años, yo sigo usando katiuskas...

Sergio dijo...

A más años, botas más grandes, charcos más profundos.